Fotografía: Redacción CIgdl.
• Más de 11 mil sucursales y 100 mil trabajadores del sistema financiero se convierten en una nueva línea de defensa ante uno de los delitos más rentables y menos denunciados del crimen organizado en México.
En un país donde la trata de personas sigue siendo uno de los negocios criminales más invisibles y lucrativos, el sistema bancario mexicano decidió mover una pieza poco habitual: convertirse en un muro de contención.
La Asociación de Bancos de México (ABM), en coordinación con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, puso en marcha una estrategia nacional de prevención para detectar operaciones financieras vinculadas a redes de trata de personas, particularmente en el marco de uno de los eventos que enciende las alertas internacionales: la Copa Mundial FIFA 2026 en México.
La dimensión del esfuerzo no es menor. Los 54 bancos afiliados a la ABM comenzaron la capacitación de cerca de 100 mil colaboradores distribuidos en más de 11 mil sucursales bancarias del país, con el objetivo de identificar señales de alerta que puedan estar relacionadas con explotación sexual, trabajo forzado y lavado de dinero derivado de este delito.
La preocupación tiene sustento en cifras alarmantes. A nivel global, organismos internacionales calculan que alrededor de 50 millones de personas viven actualmente bajo alguna forma de esclavitud moderna o trata. En México, de acuerdo con datos oficiales, durante 2025 el número de víctimas registró un incremento de 47 por ciento, mientras la cifra negra de casos no denunciados alcanza niveles estremecedores: entre 96 y 99 por ciento.
El contexto del Mundial multiplica los riesgos ya que la llegada de millones de turistas, el aumento en el consumo, la demanda de servicios sexuales, la expansión acelerada de actividades de hotelería, construcción temporal, logística y seguridad, crean —según especialistas— un ecosistema ideal para que organizaciones criminales amplíen esquemas de explotación humana.
No se trata únicamente de prostitución forzada. En México, la explotación sexual concentra 51 por ciento de los casos detectados, pero el trabajo forzado representa ya 25 por ciento. Mujeres, adolescentes, migrantes e incluso menores de edad se convierten en las víctimas más vulnerables dentro de una maquinaria criminal que en muchas ocasiones opera con estructuras similares a las del narcotráfico.
De hecho, investigaciones internacionales han advertido que grupos criminales con presencia en México, como el Cártel Jalisco Nueva Generación, la Unión Tepito o el Cártel del Noreste, han diversificado sus ingresos hacia mercados vinculados con explotación sexual y laboral.
Ahí es donde aparece el sector financiero. Porque detrás de cada red de trata existe inevitablemente una ruta del dinero: transferencias inusuales, patrones de depósitos atípicos, movimientos fragmentados o estructuras financieras diseñadas para ocultar ganancias ilícitas. La apuesta ahora es que cajeros, ejecutivos, personal operativo y sucursales bancarias se conviertan en una primera línea de observación.
En tiempos donde el dinero suele ser el lenguaje silencioso del crimen organizado, seguir la ruta financiera puede convertirse en una herramienta más poderosa que perseguir únicamente a los operadores visibles. La señal resulta relevante.
No es frecuente observar al sistema bancario asumir un papel preventivo frente a delitos de esta naturaleza. Pero quizá el dato más importante es otro: en un país acostumbrado a combatir las consecuencias del crimen, esta vez la apuesta parece estar en anticiparse antes de que las víctimas aparezcan en las estadísticas.
Porque detrás de cada transacción sospechosa, muchas veces no hay solamente dinero ilícito. Hay personas convertidas en mercancía.
@JErnestoMadrid
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