Fotografía; Redacción CIgdl.
• México acumula cuatro meses consecutivos de recuperación en el envío de remesas, aunque detrás del repunte persisten señales de presión migratoria en Estados Unidos, pérdida de poder adquisitivo y una dependencia cada vez mayor de millones de hogares mexicanos.
Las remesas volvieron a dar una buena noticia a la economía mexicana. Durante mayo ingresaron al país 5 mil 611 millones de dólares, un crecimiento anual de 3.8 por ciento, con lo que México acumula ya cuatro meses consecutivos de recuperación en el flujo de dinero enviado por connacionales desde Estados Unidos.
En apariencia, el dato es positivo. Pero cuando se observan con mayor detalle las cifras, el panorama revela algo mucho más complejo: las remesas siguen creciendo, aunque detrás del aumento comienzan a aparecer señales que reflejan vulnerabilidad laboral de los migrantes, menor capacidad de envío frecuente y una economía mexicana cada vez más dependiente del dinero que llega desde el exterior.
Datos del Banco de México muestran que el crecimiento de mayo no obedeció a un mayor número de envíos, sino a que cada transferencia fue más grande. El monto promedio alcanzó 403 dólares por operación, creciendo 5.6 por ciento, mientras el número de transacciones cayó 1.7 por ciento, acumulando ya 14 meses consecutivos a la baja. Traducido en términos simples: Los migrantes están enviando menos veces… pero mandando más dinero.
Para analistas de BBVA México, parte de la caída observada en remesas durante 2025 estuvo directamente relacionada con la política migratoria implementada por la administración de Donald Trump, particularmente el endurecimiento de operativos del servicio migratorio estadounidense y la presión ejercida sobre trabajadores no documentados.
Entre abril y agosto de 2025, coincidentemente, cayó la participación laboral de migrantes mexicanos en Estados Unidos y las remesas registraron sus descensos más pronunciados. Pero algo cambió. Desde septiembre comenzó una recuperación gradual del empleo migrante. La tasa de desempleo de mexicanos en Estados Unidos bajó a 3.9 por ciento en mayo de 2026, mientras los empleos de tiempo parcial —que suelen reflejar precariedad laboral— descendieron de 22.8 a 19 por ciento en apenas siete meses.
Eso explica parte del repunte actual. Sin embargo, no todo son buenas noticias. El análisis de Banamex advierte que, aunque las remesas crecieron en dólares, al convertirlas a pesos su poder adquisitivo sigue deteriorándose. En mayo, las remesas medidas en pesos reales registraron una caída anual de 11.1 por ciento, acumulando ya doce meses consecutivos de retrocesos, principalmente por la fortaleza del tipo de cambio. Es decir: A México llega más dinero… pero alcanza para menos.
Entre enero y mayo, el país acumuló 25 mil 287 millones de dólares en remesas, un crecimiento de 2.8 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado, y las proyecciones anticipan un avance cercano al 3 por ciento durante el resto de 2026.
Pero el verdadero dato de fondo quizá sea otro. Las remesas continúan consolidándose como uno de los pilares silenciosos de la economía mexicana, sosteniendo consumo interno, gasto familiar y supervivencia financiera en miles de comunidades donde la economía formal simplemente no alcanza.
La paradoja es evidente. Mientras el país presume estabilidad macroeconómica, millones de hogares siguen dependiendo del esfuerzo de mexicanos que trabajan fuera, muchas veces bajo presión migratoria, incertidumbre laboral y condiciones cada vez más difíciles.
Porque al final, detrás de cada dólar que cruza la frontera, no solamente viaja dinero.
Viaja una realidad incómoda que México sigue sin resolver dentro de casa. Las remesas se recuperan, sí, pero detrás de esa cifra hay un fenómeno más complejo sobre migración, miedo, precarización laboral y dependencia económica de millones de hogares mexicanos.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com


