Pagos digitales: más trazabilidad, no adiós al efectivo

Pagos digitales: más trazabilidad, no adiós al efectivo

Fotografía:Redacción CIgdl.

• Emilio Romano, presidente de la ABM, descarta prohibir el dinero físico y niega un objetivo recaudatorio. Banamex advierte que la adopción digital enfrenta barreras de acceso y costos, mientras la mayor trazabilidad también facilita la fiscalización.

La digitalización de los pagos en México avanza, pero no significa que el efectivo vaya a desaparecer ni garantiza, por sí sola, una economía más productiva.

Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), sostiene que la estrategia no tiene fines recaudatorios, sino que busca formalizar la economía, facilitar las transacciones y ampliar el crédito. “No se va a prohibir el efectivo en México”, afirmó, al recordar que incluso los países más digitalizados mantienen su uso.

Sin embargo, el análisis de Banamex Estudios Económicos, con información de INEGI, Banco de México y Hacienda, advierte que el reto no es únicamente tecnológico: 85.2% de los adultos utilizaba efectivo para compras de hasta 500 pesos, según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024. Además, en 2025 apenas 1.4% de los usuarios de internet reportó utilizar CoDi para pagar.

La brecha es relevante. Para una gran empresa, digitalizar cobros puede ser parte de su operación cotidiana; para una tienda de barrio o un pequeño restaurante, implica conectividad, equipo, posibles comisiones y riesgos de fraude. Si esos costos no se compensan con mayores ventas o acceso al crédito, la transición puede reducir sus márgenes.

La ley aprobada por el Senado busca ampliar los pagos digitales en trámites y servicios públicos y faculta a Hacienda para determinar sectores donde podrían convertirse en el único medio de pago. No establece una desaparición general e inmediata del efectivo, pero sí abre la discusión sobre cómo y dónde se impulsará esa transición.

El punto más delicado es la fiscalización. Un pago digital no genera automáticamente un impuesto nuevo, como tampoco convierte la ley en una reforma fiscal. Pero deja registros que pueden facilitar al SAT identificar ingresos y detectar operaciones no declaradas. Por eso, aunque Romano niega que el objetivo sea recaudatorio, la digitalización sí puede ampliar la capacidad de vigilancia fiscal.

Por su parte, BBVA Research ha documentado el crecimiento de los depósitos bancarios y la participación de la banca digital. Pero esa expansión no demuestra que todos los comercios estén preparados para prescindir del efectivo. El propio debate bancario reconoce que el crecimiento económico sigue siendo moderado y que ampliar el crédito exige administrar riesgos.
La digitalización tendrá sentido si reduce costos, mejora la seguridad y permite que más empresas accedan al financiamiento. Para ello hacen falta conectividad, pagos baratos, interoperabilidad y protección contra fraudes, sin excluir a quienes carecen de acceso confiable a internet o servicios bancarios.

La modernización no consiste en quitar billetes de circulación, sino en hacer que producir, vender y cobrar sea más fácil y menos costoso.

La pregunta es si México está construyendo una economía digital más productiva o una economía más fácil de fiscalizar, sin garantizar todavía que los pequeños negocios se beneficien de esa transformación.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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