La salida parcial de Toyota y el costo de la incertidumbre para México

La salida parcial de Toyota y el costo de la incertidumbre para México

Fotografía: Redacción CIgdl

• La decisión de Toyota de trasladar parte de la producción de la Tacoma a Texas no significa una salida de México, pero sí envía la primera gran señal de cómo las armadoras comienzan a reacomodar sus inversiones ante la revisión del T-MEC, la política industrial de Donald Trump y la creciente incertidumbre sobre el entorno de negocios en el país.

Toyota no está abandonando México. Pero tampoco está enviando una buena noticia.

La decisión de trasladar gradualmente parte de la producción de la pickup Tacoma desde Tijuana hacia Texas representa mucho más que un ajuste operativo. Es la primera gran señal de cómo las empresas comienzan a adaptar sus inversiones al nuevo mapa político y comercial de Norteamérica.

La inversión de 3 mil 600 millones de dólares anunciada para Texas, junto con la creación de dos mil empleos, llega apenas unos días después de que Washington confirmará que el T-MEC dejará de tener una renovación prácticamente automática para entrar en un esquema permanente de revisiones.

Ese cambio modifica por completo la lógica bajo la cual llegaron cientos de inversiones a México durante las últimas tres décadas. Hasta ahora, las empresas construían plantas con la certeza de que las reglas comerciales permanecerían estables durante largos periodos. Hoy esa garantía desapareció.

La incertidumbre dejó de ser un accidente para convertirse en un instrumento de política económica. Donald Trump lo entiende perfectamente.

Su celebración pública del anuncio de Toyota no fue un simple mensaje político. Fue una declaración de éxito de su estrategia industrial. Cuando escribió que “los aranceles están surtiendo efecto”, estaba enviando una señal al resto de las armadoras: producir en Estados Unidos volverá a ser más rentable que hacerlo fuera de sus fronteras.

El mensaje no iba dirigido únicamente a Toyota. Iba dirigido a General Motors, Ford, Stellantis, Nissan, Honda, Volkswagen y al resto de la industria automotriz instalada en México.
La respuesta del gobierno mexicano también merece una lectura cuidadosa. Claudia Sheinbaum se apresuró a destacar que la planta de Guanajuato permanecerá operando y anunció una nueva inversión automotriz por 500 millones de dólares que será presentada en los próximos días.

Más que responder al movimiento empresarial, la intención parece ser contener el impacto que un anuncio de esta naturaleza puede generar sobre la percepción de los mercados. Porque en economía, la percepción también mueve inversiones. Marcelo Ebrard, por su parte, confirmó su viaje a Washington para preparar la revisión del T-MEC.

Su mensaje tampoco fue casual. Cuando afirma que defenderá “los intereses de México”, reconoce implícitamente que la negociación ya dejó de ser técnica para convertirse en una disputa sobre el futuro de la industria manufacturera de América del Norte.

Washington quiere elevar el contenido regional de los vehículos y aumentar la proporción de componentes fabricados en Estados Unidos. No se trata únicamente de comercio. Se trata de recuperar empleos, fortalecer cadenas de suministro y reducir la dependencia de Asia.

En ese nuevo escenario, México enfrenta un desafío adicional. La incertidumbre externa coincide con señales internas que varios inversionistas observan con cautela: la reforma judicial, la redefinición de los órganos reguladores, cambios en el sector energético y un entorno donde las reglas para la inversión parecen estar en constante revisión.

Ninguno de estos factores explica por sí solo la decisión de Toyota. Pero todos forman parte del contexto en el que hoy toman decisiones los grandes corporativos internacionales. No es casualidad que General Motors haya condicionado futuras inversiones al resultado de la revisión del T-MEC. Ford ha insistido en la necesidad de contar con reglas claras para planear proyectos de largo plazo. Nissan cerró su histórica planta de Jiutepec. Mercedes-Benz dejó de producir en Aguascalientes.

Analizados de manera aislada, son movimientos empresariales. Observados en conjunto, revelan un proceso de reconfiguración industrial que apenas comienza. Paradójicamente, mientras México sigue rompiendo récords de ventas de automóviles impulsadas por marcas chinas y vehículos de menor costo, la discusión estratégica ya no está en cuántos autos se venden.

La verdadera pregunta es dónde se fabricarán los vehículos de la próxima década.
Ese será el debate central de la revisión del T-MEC. Y Toyota acaba de ofrecer la primera respuesta. No porque abandone México. Sino porque demuestra que, cuando la certidumbre disminuye y la política industrial cambia de dirección, el capital comienza a moverse antes que los discursos.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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