México se está quedando sin motor… y el consumo ya no empuja

México se está quedando sin motor… y el consumo ya no empuja

Fotografía: Redacción CIgdl.

• BBVA advierte que la debilidad del consumo interno frena la recuperación mientras el empleo formal cae, la inversión se congela y trabajar cada vez alcanza para menos

Hay momentos en la economía en que los números dejan de ser estadísticas y empiezan a convertirse en advertencias. México parece haber entrado precisamente en esa etapa.

El más reciente diagnóstico de BBVA México es mucho más delicado de lo que el discurso oficial quisiera admitir: tras un crecimiento marginal de apenas 0.7% en 2025, la economía mexicana cayó 0.6% durante el primer trimestre de 2026. Pero el dato duro no es la contracción; lo verdaderamente preocupante es lo que explica esa caída: el consumo interno se está agotando.

Cuando una economía deja de crecer porque la gente deja de consumir, significa algo muy simple: las familias empiezan a quedarse sin margen financiero. La inversión privada cayó 1.3%, el gasto de los hogares retrocedió 0.8% y la manufactura acumula una caída anual de 1.4%, con un desplome de 4.5% en la industria automotriz, uno de los motores históricos de exportación. Los aranceles impuestos al sector, la incertidumbre por la revisión del United States-Mexico-Canada Agreement (T-MEC), la volatilidad energética y la reconfiguración del nuevo Poder Judicial están enviando una señal peligrosa: las empresas están dejando de invertir porque no tienen certeza del futuro.

Y cuando la inversión se congela, el empleo comienza a resentirlo. Las cifras del IMSS muestran que en mayo se perdieron casi 30 mil empleos formales. Aunque oficialmente la tasa de desempleo permanece baja en 2.6%, detrás de esa aparente estabilidad se esconde otra realidad: la informalidad laboral ya alcanzó 55.1%. Traducido al lenguaje cotidiano: millones de mexicanos no están desempleados… simplemente dejaron de encontrar trabajo formal y migraron a sobrevivir fuera del sistema.

El problema se agrava cuando se observa el tejido empresarial. Datos del INEGI y el Estudio de Demografía de los Negocios revelan que pequeñas y medianas empresas llevan casi dos años desapareciendo de manera sostenida. Menos empresas significa menos empleo, menos competencia, menos productividad y menos crecimiento futuro. Pero quizá la señal más alarmante no viene del crecimiento económico sino del ingreso familiar.

México ¿Cómo Vamos? advierte que 30.7% de la población mexicana no puede comprar la canasta básica únicamente con su ingreso laboral. Dicho de otra forma: trabajar ya no alcanza para comer. Más grave aún resulta el reporte del Centro de Estudios Espinosa Iglesias (CEEY): 65.8% de quienes vivían en pobreza laboral en 2025 siguen atrapados en esa misma condición un año después. Es decir, la pobreza dejó de ser temporal para convertirse en una estructura permanente.

Y aquí aparece una paradoja profundamente mexicana. Mientras el gobierno celebra el aumento salarial y apuesta a que la Copa del Mundo 2026 de la FIFA genere un impulso económico temporal, el país sigue sin resolver su problema central: productividad extremadamente baja, educación rezagada y un mercado laboral que empuja a millones a la informalidad.

La comparación internacional termina por exhibir el verdadero tamaño del rezago mexicano. En el contexto de la Copa Mundial FIFA 2026, mientras Suiza y Canada se enfrentarán representando a dos naciones que destacan por sus altos niveles de progreso social, México llegará a la cancha con una realidad mucho menos alentadora frente a República Checa, país que no solo será rival deportivo, sino también espejo incómodo de nuestras carencias estructurales.

La República Checa supera a México en los doce indicadores que mide el Índice de Progreso Social, pero la distancia se vuelve particularmente vergonzosa en educación básica: mientras los europeos ocupan la posición número 6 a nivel global, México aparece relegado hasta el lugar 88. La fotografía es brutal porque confirma una verdad que suele ignorarse en el discurso político: ninguna economía puede aspirar a prosperidad sostenida cuando su principal deuda sigue siendo formar capital humano capaz de competir en un mundo cada vez más exigente.

El mensaje de fondo es contundente. La economía mexicana no está entrando en crisis abierta… pero sí en algo igual de peligroso: una etapa de estancamiento prolongado donde la macroeconomía puede lucir estable mientras la vida cotidiana se deteriora silenciosamente. Menos inversión, menor crecimiento, empresas desapareciendo, empleo formal debilitado, salarios insuficientes y pobreza laboral persistente forman una combinación que históricamente termina generando menor consumo, menor confianza y mayor desigualdad.

En otras palabras: México no se está desplomando. México se está desacelerando lentamente mientras cada vez más personas trabajan más… para alcanzar menos.
Y quizá esa sea la señal más preocupante de todas. Porque cuando una economía deja de generar prosperidad, tarde o temprano comienza a producir inconformidad social. Y esa factura, inevitablemente, siempre termina llegando.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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