Fotografía: Enríquez
La obra de Juan Rulfo continúa cruzando fronteras, idiomas y generaciones. Ahora, su emblemática novela Pedro Páramo ha encontrado un nuevo hogar en el idioma bangla, gracias al trabajo del traductor Anisuz Zamán, quien ha impulsado su lectura en Bangladesh con una sensibilidad que busca respetar el silencio y la profundidad del texto original.
El interés por Rulfo surgió en Samán tras su experiencia traduciendo Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Fascinado por el impacto que esa obra tuvo incluso en su propio autor —quien, según relata, la leyó dos veces en una sola noche— decidió acercarse a Pedro Páramo. La lectura fue decisiva: “me enamoré del libro”, confiesa. Con el respaldo de la agente literaria Carmen Balcells y la familia Rulfo, logró concretar una traducción que hoy cumple dos años de publicación en Bangladesh y ha alcanzado una notable popularidad, especialmente entre escritores y lectores profundos.
Sin embargo, el reto no ha sido menor. Zamán reconoce que, al igual que ocurre en el mundo hispanohablante, muchos lectores comienzan la novela pero la abandonan ante su complejidad. Para enfrentar este desafío, ha impulsado un club de lectura virtual que se reúne cada quince días. En estos encuentros, los participantes no solo analizan la trama, sino que se adentran en las capas más profundas del texto, aquellas donde —según el traductor— habita el verdadero sentido de la obra.
Para Samán, uno de los mayores valores de Pedro Páramo reside en sus silencios: “el libro es pequeño, pero su dimensión es enorme”. Evita deliberadamente interpretar esos vacíos para no condicionar la experiencia de los lectores, convencido de que cada quien debe descubrirlos por sí mismo. Esa cualidad, asegura, es la que termina por enamorar a quienes logran sumergirse en la novela.
El proceso de traducción tomó 17 meses, un periodo que describe como un disfrute constante “de cada palabra”. A diferencia de su trabajo previo con la obra de García Márquez —que lo llevó incluso a viajar a Aracataca para comprender los modismos locales—, su familiaridad con México, país que visita desde 1990, facilitó el acercamiento cultural. Aun así, contó con el apoyo de la familia del autor, incluido Pablo Rulfo, quien colaboró en detalles del proyecto e incluso aportó la imagen de portada.
Más allá de cifras de ventas, Zamán destaca que Pedro Páramo mantiene vigencia en un contexto global donde los hábitos de lectura han disminuido. “Es un libro para escritores y lectores profundos”, afirma, subrayando que su impacto no radica en lo masivo, sino en la intensidad de su recepción.
El traductor también reflexiona sobre la singularidad de la literatura latinoamericana, a la que considera distinta de las tradiciones europeas. Autores como Rulfo o García Márquez —parte del llamado “boom latinoamericano”— abrieron una forma narrativa propia, marcada por contextos históricos similares a los de países como la India o Bangladesh, con pasados coloniales que influyen en sus relatos.
Actualmente, Zamán trabaja en la traducción de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, y no descarta explorar la obra del cantautor Joaquín Sabina en el futuro.
Así, desde Comala hasta Dhaka, la voz de Juan Rulfo sigue resonando. No con estruendo, sino con ese silencio profundo que, como bien señala su traductor, obliga al lector a detenerse… y a escucharse a sí mismo.


