Fotografía: Redacción CIgdl.
El descarrilamiento del Tren Interoceánico volvió a poner en entredicho la seguridad y planeación de uno de los proyectos estratégicos del gobierno federal. Aunque las autoridades han insistido en minimizar el impacto del accidente, el saldo de personas lesionadas y la activación de protocolos de emergencia evidencian deficiencias en la operación de esta obra prioritaria.
De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el accidente dejó decenas de personas con golpes, contusiones y al menos cinco fracturas que requerirán cirugía. El director general del organismo, Zoé Robledo, informó que tras el primer reporte se activaron los protocolos de atención médica en la región, una reacción que, si bien fue oportuna, no oculta la gravedad del hecho ni las causas que lo originaron.
Según el propio IMSS, 33 personas fueron atendidas inicialmente en el Hospital Rural de Matías Romero; de ellas, 14 fueron dadas de alta, cuatro permanecen hospitalizadas y el resto tuvo que ser trasladado a otros centros médicos, lo que refleja la presión que el accidente generó en la infraestructura de salud local. Actualmente, 16 personas continúan internadas en el Hospital General de Zona No. 2 del IMSS en Salina Cruz, mientras que otras siete reciben atención en el hospital del ISSSTE en Tehuantepec.
Aunque las autoridades aseguran que ninguna persona se encuentra en riesgo de perder la vida, el hecho de que un tren promovido como símbolo de desarrollo y modernización haya sufrido un descarrilamiento levanta serias dudas sobre la supervisión, el mantenimiento y la seguridad del proyecto. A ello se suma la necesidad de brindar apoyo adicional a las familias afectadas, incluyendo alimentación, alojamiento y traslados, costos humanos y logísticos que no estaban contemplados en el discurso oficial.
El gobierno federal ha centrado su narrativa en la atención posterior al accidente, pero ha evitado asumir responsabilidades claras sobre las causas del siniestro. Mientras tanto, el descarrilamiento del Tren Interoceánico se suma a una lista de incidentes que cuestionan la viabilidad y la prisa con la que se han impulsado obras emblemáticas, dejando en segundo plano la seguridad de usuarios y trabajadores.


