Fotografía: Redacción CIgdl.
El Gobierno federal pretende presentar la inauguración de las llamadas Farmacias del Bienestar como un avance histórico, pero la realidad que viven miles de familias en México es diametralmente opuesta. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum presume el arranque de módulos pequeños instalados en centros de salud y Tiendas del Bienestar, la crisis de desabasto persiste con una crudeza que no se puede maquillar con un acto protocolario.
La inauguración del 2 de diciembre no cambia lo esencial: en todo el país, pacientes con cáncer, enfermedades crónicas, padecimientos raros y tratamientos urgentes siguen enfrentándose a la ausencia de medicinas básicas. Hospitales sin insumos, recetas que no pueden surtirse y familiares que deben endeudarse o acudir al mercado privado son, hoy por hoy, la verdadera cara del sistema.
El Gobierno federal insiste en que estos nuevos módulos permitirán a las personas inscritas en el programa Salud Casa por Casa obtener medicamentos gratuitos. Sin embargo, difícilmente puede haber entrega de fármacos en espacios donde, desde hace años, ni siquiera se encuentran las existencias mínimas. El nombre “Bienestar” no llena anaqueles vacíos.
Las Farmacias del Bienestar parecen más un intento de control de daños que una solución estructural a un problema que se agravó por decisiones mal planeadas, compras fallidas, recortes desmedidos y una centralización que terminó por colapsar las cadenas de suministro. La población no necesita módulos nuevos: necesita medicinas reales, disponibles y a tiempo.
Mientras el discurso oficial habla de cobertura, la realidad habla de desatención. Y así, una vez más, el Gobierno federal falla en lo esencial: garantizar el acceso a la salud más allá de anuncios, logotipos y buenas intenciones.


