Doble nacionalidad: la contradicción de Morena

Doble nacionalidad: la contradicción de Morena

Fotografía: Redacción CIgdl.

• Sheinbaum impulsa la nacionalidad única en nombre de la soberanía, pero Morena y el Verde designaron en Nayarit a Jasmine Bugarín, nacida en Estados Unidos, y sólo después debieron aclarar su situación. El problema no es sólo jurídico: es la consistencia del discurso.

La política mexicana tiene una curiosa manera de tropezar con sus propias reformas.

La presidenta Claudia Sheinbaum convirtió la nacionalidad única en una bandera de soberanía: quien aspire a la Presidencia, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno deberá renunciar a cualquier otra nacionalidad. La reforma ya fue aprobada por el Senado, aunque su aplicación quedó para el proceso electoral de 2028.

El problema apareció antes.

Morena y el Partido Verde designaron a Jasmine Bugarín como coordinadora de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nayarit, antesala de la candidatura a la gubernatura de 2027. Bugarín nació en Los Ángeles, aunque es hija de mexicanos y sostiene que realizó desde hace años los trámites correspondientes ante la Secretaría de Relaciones Exteriores para renunciar a cualquier fidelidad a Estados Unidos. Morena y el Verde respaldaron esa explicación y anunciaron que hará cualquier trámite adicional necesario.

Aquí está la contradicción política.

La misma fuerza que acaba de aprobar una reforma para cerrar la puerta a la doble nacionalidad colocó como su rostro de soberanía en Nayarit a una política cuyo nacimiento en Estados Unidos obligó a abrir una explicación pública apenas dos días después de su designación.

Y la presidenta terminó diciendo algo revelador: “Que lo aclare Morena”.

Es decir, cuando la regla política toca a los propios, primero se nombra y después se aclara. Cuando se trata de adversarios, el debate suele comenzar por la regla.

El caso de Ricardo Salinas Pliego vuelve todavía más visible la discusión. El empresario había insinuado que la reforma podía afectarlo, aunque posteriormente afirmó públicamente que no tiene doble nacionalidad. Por tanto, sería incorrecto decir que la reforma ya le cerró legalmente el paso a una candidatura.

Pero la discusión sí deja una pregunta incómoda: ¿la nacionalidad única es realmente un principio general de soberanía o termina convirtiéndose en un filtro que se aplica con distinta vara dependiendo de quién aspire al poder?

Porque el asunto no debería ser Jasmine Bugarín, Ricardo Salinas o cualquier otro nombre. Debería ser la regla.

Si la doble nacionalidad es incompatible con una gubernatura por razones de soberanía, el criterio tendría que ser exactamente el mismo para Morena, Verde, PT, oposición, empresarios o cualquier ciudadano.

Y si jurídicamente Bugarín cumple los requisitos actuales —como sostienen Morena y el Verde— entonces también debería decirse con claridad y sin dramatismos.

La verdadera contradicción no está necesariamente en que una mexicana nacida en Estados Unidos pueda gobernar Nayarit. Está en construir una reforma constitucional alrededor de la soberanía y, casi simultáneamente, tener que explicar por qué esa misma lógica no fue revisada antes de nombrar a una de las propias aspirantes.

Porque en política hay algo todavía más importante que la letra de la ley: la consistencia con la que se aplica.

Y ahí es donde empieza el verdadero problema.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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