Sheinbaum y AMLO: las señales de un deslinde rumbo a 2027

Sheinbaum y AMLO: las señales de un deslinde rumbo a 2027

Fotografía: Redacción CIgdl.

• La presidenta defendió el legado de López Obrador, pero omitió su nombre en el Informe y empieza a hablar con mayor énfasis de su propia autoridad. Las investigaciones sobre personajes cercanos a Andy López Beltrán, la disputa por Morena rumbo a 2027 y las presiones de Estados Unidos dibujan un escenario en el que la continuidad de la 4T podría convivir con un creciente distanciamiento político.


Hay rupturas políticas que no se anuncian. Se perciben. Y después del Informe de Claudia Sheinbaum comienzan a acumularse señales que, sin demostrar un rompimiento con Andrés Manuel López Obrador, sí permiten advertir algo más sutil: la presidenta empieza a construir una narrativa de poder propio.


Sheinbaum salió a negar una ruptura con su antecesor y una pugna interna en Morena. Aseguró que López Obrador ha sido “sumamente respetuoso” con su gobierno y que no le ha enviado instrucciones ni opiniones sobre sus decisiones.
Pero hay un dato difícil de ignorar: López Obrador no fue mencionado en el discurso del Informe.
En un movimiento político construido durante años alrededor de su figura, la ausencia resulta significativa. Más aún porque Sheinbaum sí defendió las obras emblemáticas de su antecesor, aun cuando varias cargan con costos extraordinarios, problemas de eficiencia y beneficios económicos que no siempre corresponden con la magnitud de la inversión.


La señal, entonces, no parece ser un rechazo al proyecto, sino una separación entre el proyecto y quien lo encabezó.
Hay un elemento particularmente significativo. En las referencias al presente gobierno, López Obrador empieza a aparecer menos como el fundador y conductor político del movimiento y más como un expresidente retirado que escribe un libro.


No es un rompimiento declarado. Es un desplazamiento discursivo. El gobierno empieza a hablar de su propia autoridad sin recurrir permanentemente al legado de su antecesor.
Y esto adquiere otra dimensión cuando se mira hacia 2027. Sheinbaum ha dicho que las candidaturas de Morena serán definidas mediante encuestas. En apariencia es un mecanismo interno. En realidad, será una de las primeras grandes pruebas de quién tiene la capacidad de ordenar políticamente al movimiento.


Porque Morena nació alrededor del liderazgo de López Obrador y todavía no termina de demostrar que puede funcionar como una estructura institucional independiente de su fundador.
Ahí está uno de los verdaderos desafíos de Sheinbaum: ganar elecciones con un partido que todavía conserva la memoria, las lealtades y las estructuras construidas alrededor de otro liderazgo.


Por eso 2027 importa. No sólo estarán en juego gubernaturas, congresos locales y posiciones de poder. También comenzará a definirse quién controla la sucesión política de la 4T y con qué reglas.
La tercera señal está en las investigaciones. Sheinbaum afirmó que “todo se investiga” en torno a Amílcar Olán, personaje cercano a Andy López Beltrán relacionado periodísticamente con una red vinculada al contrabando de combustibles. Confirmó además que Hacienda y la Secretaría Anticorrupción y de Buen Gobierno cuentan con información y dejó en manos de la Fiscalía explicar el alcance de las investigaciones.


A ello se suma la información publicada por El Universal sobre Mauricio Garduño González Elizondo, identificado como “amigo” de Andy López Beltrán y presente en el encuentro del restaurante Magazzino, en la colonia Condesa.
De acuerdo con esa información, Garduño es socio minoritario de JDBL y Compañía y propietario de empresas dedicadas al comercio, vehículos y telecomunicaciones que obtuvieron contratos durante los gobiernos de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.


El dato no prueba por sí mismo una irregularidad. Pero sí amplía el mapa de relaciones empresariales que rodean a personajes próximos al antiguo círculo presidencial. Y ahí Sheinbaum enfrenta una ecuación delicada.
Si investiga, puede generar un deslinde político respecto del pasado. Si no investiga, puede terminar heredando también sus costos. La otra señal está en el gabinete de seguridad.


La presidenta acusa a Estados Unidos de intentar dividir al gobierno mexicano mediante elogios a determinados funcionarios y cuestionamientos a otros. La acusación puede ser cierta o no; lo relevante políticamente es que Sheinbaum reconoce que la cohesión interna del gobierno se ha convertido en un asunto suficientemente sensible como para ser considerado un frente de presión externo.


Y eso ocurre mientras funcionarios mexicanos adquieren perfiles distintos frente a Washington y mientras Estados Unidos incrementa su presión sobre México en materia de seguridad, migración y combate al crimen organizado.
En ese contexto, la insistencia presidencial en que no existen divisiones también funciona como una declaración de autoridad: Sheinbaum necesita dejar claro que las decisiones se toman en Palacio Nacional y no en ningún otro centro de poder.


Por eso quizá sea prematuro hablar de una ruptura con López Obrador. Lo que sí parece estar ocurriendo es algo políticamente más importante: la transición de un liderazgo personal a un poder institucional que todavía está en construcción.
Sheinbaum conserva la defensa del proyecto, reivindica las obras de su antecesor y mantiene la continuidad de la 4T. Pero empieza, al mismo tiempo, a separar las responsabilidades de su gobierno de las decisiones, relaciones y personajes asociados con el sexenio anterior.


Y las elecciones de 2027 harán inevitable esa definición. Porque para entonces ya no bastará con preguntar qué queda de López Obrador en Morena. Habrá que preguntar cuánto de Morena puede conservar Sheinbaum sin López Obrador y cuánto de López Obrador puede sobrevivir políticamente sin Sheinbaum. Esa es, quizá, la verdadera resaca del Informe. No necesariamente el comienzo de una ruptura. Sí el posible comienzo de un cambio de dueño político del proyecto.


@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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