Fotografía: Redacción CIgdl.
• Tras 112 días de licencia, Rocha Moya regresó a Sinaloa justo cuando la FGR detuvo a Fausto Corrales y el contraalmirante Fernando Farías Laguna volvió a México. La defensa de Farías anticipa además una batalla que podría alcanzar al exsecretario de Marina Rafael Ojeda Durán.
Rubén Rocha Moya volvió a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia y lo hizo con la fórmula esperada: “frente limpia y en alto”, verdad, soberanía y una denuncia contra la “ultraderecha”. El problema es que el gobernador regresa a un escenario que ya no es el mismo.
Mientras Rocha retoma el cargo, la FGR detuvo a Fausto Corrales, chofer de Héctor Melesio Cuén y testigo directo de las horas previas a su asesinato, ocurrido el mismo día en que Ismael “El Mayo” Zambada fue llevado a Estados Unidos.
Corrales enfrenta acusaciones de encubrimiento y falsedad de declaraciones. Su primera versión —el supuesto asalto a Cuén en una gasolinera— terminó cuestionada por la investigación federal. Ahora está detenido, y la pregunta es inevitable: ¿qué sabe Corrales que todavía no sabemos?
Porque aquella muerte no puede separarse de la versión de Zambada, quien afirmó que acudió a una reunión en la que supuestamente participaría Rocha para resolver un conflicto político con Cuén. Rocha lo ha negado tajantemente y sostiene que nunca estuvo prevista su presencia.Dos versiones. Una muerte. Un secuestro. Y ahora, un testigo detenido. Pero hay otro expediente.
El huachicol fiscal
Investigaciones periodísticas han documentado transferencias de un organismo del gobierno de Sinaloa por 678 mil 900 pesos a Ahavat Logistics Solution, empresa posteriormente señalada por Estados Unidos dentro de una presunta red de contrabando de combustibles y lavado de dinero.
También se han señalado posibles vínculos del entorno familiar de Rocha con operaciones de importación de petrolíferos. Nada de esto prueba que el gobernador sea parte de una organización criminal. Pero tampoco permite despacharlo como una simple coincidencia administrativa.
La pregunta es otra: ¿quién autorizó esas operaciones, qué servicios se pagaron y qué relación existe con las redes investigadas?
Y entonces aparece Farías
Fernando Farías Laguna, contraalmirante acusado de participar en una red de contrabando de combustibles, ya está en México después de permanecer detenido en Argentina. Antes de su traslado tuvo contacto con autoridades estadounidenses. No sabemos qué habló. Y precisamente ahí está el problema.
Porque Farías puede conocer rutas, empresas, aduanas, mandos y mecanismos financieros de una estructura que, si las acusaciones se prueban, va mucho más allá de unos cuantos operadores.
Pero hay un detalle adicional que puede ser todavía más relevante: su defensa en México, encabezada por Epigmenio Mendieta, ha planteado citar a declarar al exsecretario de Marina Rafael Ojeda Durán, tío político de los hermanos Farías Laguna. La estrategia también buscaría colocar en el expediente referencias a Andrés Manuel López Beltrán que aparecen en testimonios relacionados con el caso.
Hay que ser precisos: una eventual comparecencia de Ojeda o la mención de López Beltrán no significa responsabilidad penal de ninguno de ellos. Pero sí revela hacia dónde podría crecer el proceso. Ya no se trataría únicamente de determinar qué hizo Farías, sino de establecer qué sabía, a quién informó, quién estaba por encima de él y hasta dónde llegaba la cadena de decisiones.
La pinza
Y aquí aparece la coincidencia que merece atención. Rocha vuelve al gobierno. Corrales está detenido. Farías está en México. Y la defensa de este último amenaza con ampliar el expediente hacia antiguos mandos de la Marina y personajes del poder político.
Son investigaciones distintas, sí. Pero las líneas comienzan a acercarse.Por eso surge la pregunta más incómoda:
¿Rocha volvió porque considera que las acusaciones se desvanecieron o porque, mientras las investigaciones avanzan, el fuero vuelve a ser una protección conveniente?
No existe evidencia pública para afirmar que esa haya sido su intención. Sería irresponsable presentarlo como un hecho. Pero tampoco puede ignorarse el momento. Rocha sostiene que regresa con la frente limpia. Puede ser. Pero una cosa es tener la frente en alto y otra que los expedientes estén cerrados. Y no lo están.
Porque mientras Rocha vuelve a gobernar, Corrales puede declarar, Farías puede hablar y su defensa puede intentar llevar a Ojeda al expediente. Si alguno aporta pruebas, nombres, documentos o nuevas rutas de investigación, el problema dejará de ser el discurso sobre la “ultraderecha” o la soberanía. Será explicar los hechos. Y ahí está la verdadera historia. El fuero puede proteger temporalmente a un gobernador. Lo que no puede proteger para siempre son los hechos.
@JErnestoMadrid
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