Fotografía: Redacción CIgdl.
• Pemex estabilizó su producción y elevó ventas, pero exportó menos crudo, acumuló pérdidas y siguió dependiendo del gobierno federal. El análisis de Banamex revela el costo de una estrategia que no logró capturar la renta de un ciclo petrolero excepcional.
Hay momentos en los que una empresa petrolera no necesita hacer magia para ganar dinero. Basta con tener petróleo, producirlo y venderlo cuando el mercado paga bien.
Pemex tuvo precisamente esa oportunidad durante el segundo trimestre de 2026. El precio internacional del crudo llegó a niveles cercanos a 120 dólares por barril para el Brent, impulsado por el conflicto en Medio Oriente. Para cualquier productor fuera de la zona del conflicto, aquello debía ser una ventana extraordinaria para mejorar ingresos, flujo y balance.
Pemex, sin embargo, hizo algo bastante más mexicano: tuvo el petróleo caro enfrente y no consiguió convertirlo en una ganancia proporcional. El análisis de Estudios Económicos Banamex sobre los resultados al segundo trimestre revela la paradoja: Pemex comienza a mostrar señales de estabilización en su producción, aumentó sus ventas y redujo deuda, pero continúa sin generar suficiente flujo propio para dejar de depender del presupuesto federal.
Petróleo caro, exportaciones a la baja
La producción de crudo dejó de caer a la velocidad de los últimos años. En junio alcanzó 1.37 millones de barriles diarios, 0.4% más que un año antes, mientras la producción del primer semestre creció 0.2%. Pero producir un poco más sirve de poco si se exporta cada vez menos.
Durante el primer semestre, las exportaciones de crudo cayeron 27.9% anual, a 452.6 mil barriles diarios, el nivel más bajo desde que existen registros comparables, desde 1990. Ahí está una de las claves de por qué Pemex no capturó la renta extraordinaria del ciclo petrolero: mientras el mundo pagaba más por el crudo, México destinó una mayor proporción de su producción al mercado interno y a la refinación.
La estrategia tiene una lógica de soberanía energética. Pero también un costo económico: se exporta menos petróleo justo cuando afuera se paga mejor. Pemex dejó dólares sobre la mesa. Más ventas no significa más rentabilidad
Los ingresos por ventas y servicios crecieron 30.3% en el segundo trimestre, hasta 510.4 mil millones de pesos. Las ventas internas aumentaron 29.8%, impulsadas por petrolíferos, mientras la producción de éstos creció 12.4% en el primer semestre.
Pero la fotografía semestral es menos favorable: las ventas nacionales crecieron 17.4%, mientras las de exportación apenas avanzaron 1.3%. El resultado es una empresa que vende más dentro de México, pero reduce su capacidad de monetizar el crudo en dólares. Y eso importa porque el precio promedio de la mezcla mexicana fue de 89.4 dólares por barril en el segundo trimestre, 46.7% por encima del mismo periodo de 2025. Las grandes petroleras internacionales aprovecharon ese entorno. Pemex, no en la misma proporción.
La utilidad no alcanza
Pemex obtuvo una utilidad neta trimestral de 18 mil millones de pesos, pero no consiguió revertir la pérdida del primer trimestre. En el acumulado del semestre registra una pérdida neta de 28 mil millones de pesos, frente a una utilidad de 16.2 mil millones en el mismo periodo de 2025.
La comparación con sus pares es todavía más incómoda: las principales petroleras internacionales reportaron ganancias extraordinarias en el mismo periodo, mientras Pemex quedó rezagado pese al entorno favorable de precios.
La pregunta es inevitable: ¿cómo puede una petrolera no convertir un ciclo de precios excepcional en una mejora financiera proporcional?
La respuesta está en buena medida en su menor plataforma exportadora, pero también en los costos de refinación, la política de precios internos y una fuga que lleva años drenando sus finanzas: el robo de combustibles.
El huachicol también se cobra en el balance.
Pemex reportó ante la SEC que el robo y comercio ilegal de combustibles alcanzó un promedio de 19.6 mil barriles diarios en 2025, frente a 17 mil en 2024. Las pérdidas reconocidas fueron de 23.5 mil millones de pesos. Entre 2017 y 2025, el monto acumulado ronda los 162.1 mil millones. Sólo en 2025, lo perdido por huachicoleo equivalió a 52% de la pérdida neta anual de Pemex.
No es una fuga menor. Es una vena abierta.
Y mientras Pemex intenta mejorar sus resultados, una parte importante del valor que debería convertirse en ingresos termina en el mercado ilegal.
La deuda baja, pero Hacienda sigue pagando
La deuda financiera disminuyó a 77.5 mil millones de dólares, 9.1% menos que al cierre de 2025, y el saldo con proveedores cayó 14%. Pero la mejoría no puede atribuirse exclusivamente a una mayor generación de efectivo.
Durante el primer semestre, el gobierno federal aportó 100.4 mil millones de pesos de capital a Pemex. Desde 2019, los apoyos directos acumulados ascienden a 1.88 billones de pesos. En otras palabras: Pemex está reduciendo deuda, pero una parte importante del esfuerzo la está pagando el contribuyente.
Eso vuelve difícil sostener la promesa de que dejará de necesitar apoyo federal a partir de 2027. La empresa enfrenta vencimientos por 168.7 mil millones de pesos sólo en el segundo semestre de 2026 y compromisos adicionales por 416.2 mil millones entre 2027 y junio de 2030.
Y todavía está el episodio del hackeo de 2019. La FGR determinó el no ejercicio de la acción penal en la investigación sobre el ciberataque, mientras Pemex se negó a proporcionar detalles. En una empresa estratégica para las finanzas y la seguridad energética del país, el carpetazo sin explicaciones amplias tampoco ayuda a fortalecer la confianza.
El problema ya llegó a Hacienda.
El verdadero problema de Pemex no termina en Pemex. Durante el primer semestre de 2026, los ingresos petroleros fueron de 473.1 mil millones de pesos, frente a una estimación de 591.1 mil millones. La brecha llega a 118 mil millones en sólo seis meses.
Entre 2023 y 2025, los ingresos petroleros quedaron por debajo de lo programado durante tres años consecutivos. Sumado el faltante del primer semestre de 2026, la brecha acumulada llega a 619.7 mil millones de pesos. Ahí está la dimensión real del problema.
Pemex ya no es simplemente una empresa que pierde dinero. Es una empresa cuya debilidad termina convirtiéndose en un problema para las finanzas públicas. La estrategia de privilegiar la refinación y el mercado interno puede tener una lógica de soberanía energética. Pero cuando se sacrifica exportación en un periodo de precios elevados, existe un costo de oportunidad que alguien termina pagando.
Y ese alguien, tarde o temprano, es el erario. El petróleo no perdona las contradicciones; Pemex tiene hoy una paradoja difícil de resolver. Produce un poco más. Vende más. Refina más. Reduce deuda. Pero sigue perdiendo dinero, exporta menos, pierde recursos por el huachicol y necesita que Hacienda continúe capitalizándolo.
Eso no es todavía una recuperación. Es una estabilización financiada. Y la diferencia es enorme.
Los ciclos petroleros no duran para siempre. Si el precio internacional baja, Pemex tendrá menos margen para corregir sus debilidades. Y si sube, como ocurrió este año, pero la empresa no puede aumentar exportaciones y capturar esa renta, tampoco consigue aprovechar la bonanza.
Es decir, cuando el petróleo está barato, Pemex sufre; cuando está caro, tampoco termina de ganar. El problema ya no es solamente cuánto petróleo queda bajo tierra. Es cuánto valor consigue Pemex sacar de él.
Y los números de Banamex dejan una conclusión incómoda: la petrolera mexicana todavía está lejos de ser una fuente sólida de ingresos para el Estado y se mantiene más cerca de convertirse en una presión estructural sobre las finanzas públicas.
Porque el petróleo puede ser de todos. Pero la factura también.
@JErnestoMadrid
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