Fotografía: Redacción CIgdl.
• Morena parte con ventaja, pero seguridad, desgaste de gobiernos, candidaturas, alianzas opositoras y nuevas reglas electorales pueden modificar el tablero. El mayor riesgo no está sólo en las urnas, sino en las condiciones bajo las que se llegue a ellas.
La elección de 2027 no parece, por ahora, una elección que Morena pueda perder fácilmente, pero tampoco una elección que tenga ganada. La diferencia es importante: el oficialismo llega con una ventaja territorial, electoral y política considerable, pero enfrenta una combinación de desgaste gubernamental, escándalos de corrupción y seguridad, conflictos internos y un escenario institucional que puede terminar siendo más determinante que las propias campañas.
El 6 de junio de 2027 estarán en juego las 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, 31 congresos locales y más de mil 800 ayuntamientos. Será, en los hechos, el primer gran referéndum electoral sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum y la prueba para saber si Morena conserva la mayoría calificada en San Lázaro.
Morena tiene la ventaja, pero también los flancos
El análisis de Banamex Estudios Económicos, con base en diversas encuestas, colocan a Morena y sus aliados por delante en buena parte del territorio. La coalición gobierna actualmente 24 estados y mantiene una intención de voto nacional superior a la de cualquier fuerza opositora.
Pero hay una señal que merece atención: la aprobación de Sheinbaum se mantiene por encima de 60%, mientras la intención de voto por Morena para diputado federal se ubica alrededor de 40-47%. Es decir, el capital político de la presidenta no necesariamente se transfiere completo al partido.
Ahí puede estar una de las claves de 2027.
El desgaste de los gobiernos locales, particularmente en entidades con problemas de seguridad, corrupción o baja aprobación, puede convertirse en voto de castigo. Michoacán, Sinaloa, Baja California, Zacatecas, Colima, Nayarit, Campeche y Baja California Sur aparecen entre los territorios donde Morena enfrenta mayores riesgos, y hay otro factor: la seguridad.
El crimen organizado, el riesgo que no cabe en una encuesta
La intervención del crimen organizado en las elecciones representa uno de los mayores riesgos. Entre octubre de 2024 y julio de 2026 fueron asesinados 14 presidentes municipales en funciones, de acuerdo con el estudio citado. El problema no es solamente quién gana una elección, sino quién puede competir, quién puede hacer campaña y quién puede gobernar después.
Michoacán, Guerrero, Chihuahua, Baja California, Sonora, Sinaloa, Morelos, Zacatecas y Puebla concentran señales de alerta. Muchos de esos estados, además, estarán entre los que definan gubernaturas en 2027.
La nueva Comisión de Verificación creada para detectar candidatos con posibles vínculos criminales busca responder a este problema, pero su alcance es limitado: el mecanismo depende de los partidos y opera fundamentalmente al momento del registro de candidaturas. El crimen, en cambio, puede intervenir mucho antes mediante financiamiento, amenazas, presión territorial o violencia.
El otro problema: las reglas del árbitro
La reforma electoral aprobada este año añade otra variable. La reducción de 25% en los recursos del INE, los OPLE y los partidos llega justamente antes de la elección más compleja del sexenio.
A ello se suma la nueva causal de nulidad por intervención extranjera, cuyo alcance dependerá de criterios todavía susceptibles de controversia. En una elección donde la relación con Estados Unidos, la desinformación digital y las campañas en redes tendrán un peso creciente, la ambigüedad puede convertirse en litigio.
Más delicado todavía es el terreno de la fiscalización.
Morena y sus aliados llevan meses adelantando procesos internos y posicionando perfiles para las gubernaturas. El propio INE acumula más de 400 quejas por promoción anticipada, mientras los partidos de oposición han terminado replicando parcialmente la misma estrategia. El resultado es una competencia que formalmente todavía no comienza, pero que electoralmente ya está en marcha.
La oposición sólo tiene una ventana
La oposición enfrenta una paradoja: Morena tiene desgaste, pero PAN, PRI y MC todavía no tienen una estructura común capaz de capitalizarlo. El PAN conserva Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua; MC tiene Nuevo León y Jalisco y una creciente conexión con sectores urbanos y jóvenes; el PRI mantiene estructura territorial, pero carga con una elevada percepción negativa.
Por separado, difícilmente podrán romper el dominio territorial de Morena. La verdadera amenaza para el oficialismo sería una oposición capaz de sumar candidaturas competitivas, estructuras y voto útil.
Por eso 2027 no se definirá únicamente por la popularidad de Sheinbaum ni por la intención de voto actual. Se definirá por la capacidad de Morena para contener su propio desgaste y por la habilidad opositora para dejar de competir entre sí.
La pregunta de fondo
Morena puede perder la mayoría calificada de la Cámara de Diputados aun sin perder la elección. Ese escenario sería políticamente relevante: en 2024 la coalición oficialista obtuvo 364 de 500 diputaciones, 72.8% de la Cámara. Una pérdida de alrededor de treinta curules podría bastar para impedirle modificar la Constitución por sí sola.
Por eso, el verdadero plebiscito de 2027 no será únicamente cuántas gubernaturas conserve Morena, sino si mantiene el poder suficiente para continuar reformando las reglas del país sin negociar con la oposición.
Hoy el oficialismo parte adelante. Pero entre una elección y otra están la seguridad, la economía, los escándalos, las candidaturas, las alianzas, el uso de recursos públicos, la fiscalización y, sobre todo, la confianza en el árbitro electoral.
Y en política hay una regla que conviene no olvidar: las elecciones no suelen perderse cuando comienza la campaña; muchas veces comienzan a perderse cuando el poder deja de advertir dónde están sus propios límites.
@JErnestoMadrid
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