Pemex mira a Petrobras, pero llega tarde al juego petrolero

Pemex mira a Petrobras, pero llega tarde al juego petrolero

Fotografía: Redacción CIgdl.

• La alianza con la petrolera brasileña abre una oportunidad tecnológica para México, pero no corrige décadas de rezago en inversión, restricciones institucionales y una estrategia energética que limitó las asociaciones privadas mientras Petrobras se consolidó como una potencia global.

Pemex volvió a confirmar el problema que arrastra desde hace décadas: la operación puede mejorar, pero las finanzas siguen sin despegar. En el segundo trimestre de 2026 la petrolera reportó una caída de 69.7% en su utilidad neta, al pasar de 59 mil 516 millones de pesos a apenas 18 mil 24 millones, pese a incrementar el procesamiento de crudo en sus refinerías y elevar las ventas internas de combustibles.

El contraste llega justo cuando México anunció un memorando de entendimiento con Petrobras para explorar proyectos conjuntos en aguas profundas del Golfo de México, una alianza que, de acuerdo con el análisis de Banamex Estudios Económicos, representa una buena noticia para Pemex, aunque está lejos de modificar por sí sola el deterioro estructural del sector petrolero mexicano.

La paradoja es evidente. Mientras el discurso oficial ha defendido la soberanía energética como argumento para limitar la participación privada en la industria, ahora Pemex busca precisamente la experiencia tecnológica de una empresa que se convirtió en líder mundial gracias a un modelo completamente distinto.

Petrobras también es controlada por el Estado brasileño, pero cotiza en bolsa, tiene accionistas privados, acceso permanente a los mercados de capital y una estructura corporativa mucho más flexible. Esa combinación le permitió desarrollar tecnologías de clase mundial para la explotación en aguas profundas y consolidarse como una de las petroleras más rentables del planeta.

Las cifras muestran la diferencia. Petrobras produce más de 2.3 millones de barriles diarios, registra un margen EBITDA cercano a 52% y supera los 100 mil millones de dólares de valor de mercado. Pemex, en contraste, apenas estabilizó su producción alrededor de 1.6 millones de barriles diarios, opera con un margen cercano al 13% y continúa enfrentando problemas de deuda, reposición de reservas y baja rentabilidad en refinación, según el análisis de Banamex.
El rezago no apareció con la actual administración. Desde los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari comenzó un esquema fiscal que convirtió a Pemex en la principal fuente de ingresos públicos. Durante décadas la empresa entregó buena parte de sus recursos al gobierno vía impuestos y derechos, sacrificando inversión en exploración, tecnología y mantenimiento.

Aunque en los últimos años la carga fiscal disminuyó, el alivio tampoco resolvió el problema. Los recursos disponibles terminaron absorbiéndose en el pago de deuda financiera, proveedores, operación cotidiana y el impulso a proyectos de refinación, dejando poco margen para desarrollar proyectos complejos como las aguas profundas.

A ello se sumó el cambio de rumbo en la política energética. La reforma de 2013 abrió la puerta a asociaciones estratégicas —los llamados farmouts— para compartir riesgos y capital. Sin embargo, durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador esa estrategia prácticamente se detuvo para privilegiar el fortalecimiento exclusivo de Pemex y las inversiones en refinación, reduciendo el espacio para alianzas tecnológicas internacionales.

Por ello, el acuerdo con Petrobras representa también un reconocimiento implícito: Pemex necesita capacidades que no desarrolló durante décadas. Uno de los principales beneficiarios podría ser el proyecto Trion, descubierto por Pemex en 2012 y considerado la puerta de entrada de México a las aguas profundas del Golfo. El yacimiento, ubicado en el Cinturón Plegado Perdido a unos 2 mil 500 metros de profundidad, tiene un potencial cercano a 100 mil barriles diarios cuando inicie producción, prevista para 2028.

La experiencia brasileña puede resultar decisiva no sólo en Trion, sino también en la recuperación de campos maduros mediante técnicas avanzadas de recuperación secundaria y terciaria, capaces de incrementar la extracción sin necesidad de realizar nuevos descubrimientos. Pero la alianza también ofrece ventajas claras para Petrobras.

La empresa brasileña obtiene acceso temprano a una de las provincias petroleras menos exploradas del Golfo de México, fortalece su presencia regional, diversifica su portafolio internacional y abre oportunidades en petroquímica, fertilizantes, gas y biocombustibles. Además, consolida su liderazgo geopolítico en América Latina sin comprometer, por ahora, grandes inversiones de capital. En otras palabras, Petrobras entra a México con tecnología; Pemex busca recuperarla.
Banamex advierte, sin embargo, que el memorando no modifica por ahora las perspectivas del sector. Se trata únicamente de un marco de cooperación que todavía requiere contratos específicos, presupuesto, calendarios de ejecución y proyectos vinculantes para traducirse en producción adicional.

La experiencia tampoco garantiza resultados. Pemex ya firmó acuerdos similares con empresas internacionales desde 2014. El caso más exitoso derivó en el desarrollo de Trion junto con BHP, pero muchos otros quedaron únicamente como intercambios técnicos. La diferencia es que hoy Pemex llega con menos margen financiero.

Aunque la petrolera presume una reducción de 9.1% en su deuda financiera y un incremento en el procesamiento de crudo —que ya supera el millón de barriles diarios en el Sistema Nacional de Refinación—, continúa enfrentando restricciones presupuestales que limitan su capacidad para invertir en proyectos de largo plazo.

La alianza con Petrobras parece marcar un giro pragmático dentro de la política energética mexicana. Después de años privilegiando un modelo de autosuficiencia petrolera, el gobierno reconoce que competir en aguas profundas exige tecnología, capital y experiencia que hoy Pemex no posee.

La cooperación con Brasil abre una oportunidad relevante para recuperar parte del tiempo perdido. Sin embargo, también deja una conclusión incómoda: mientras México defendía la soberanía energética cerrando espacios a la inversión privada, Petrobras aprovechó un modelo corporativo más flexible para convertirse en un referente mundial. Hoy ambas petroleras vuelven a encontrarse. La diferencia es que una llega para enseñar y la otra para aprender.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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