T-MEC: la incertidumbre se instala hasta 2036

T-MEC: la incertidumbre se instala hasta 2036

Fotografía: Redacción CIgdl.

• La decisión de Estados Unidos de no extender el tratado abrió un periodo de revisiones anuales que mantiene el acceso preferencial al mercado norteamericano, pero prolonga la negociación política. Mientras México acelera su estrategia de diversificación comercial, BBVA advierte que el mayor costo será la incertidumbre para la inversión.

La decisión de Estados Unidos de no renovar de manera anticipada el T-MEC no provocó una ruptura comercial, pero sí abrió un nuevo ciclo de incertidumbre que ya comenzó a sentirse tanto en la opinión pública como en la estrategia económica del gobierno mexicano.

De acuerdo con un análisis de la plataforma de inteligencia digital DINAMIC, la discusión sobre el futuro del tratado generó 10 millones 853 mil 450 impactos en redes sociales y medios digitales, donde predominó la preocupación por la estabilidad económica, aunque también surgió una narrativa favorable a diversificar los mercados más allá de Norteamérica.

Ese parece ser justamente el camino que intenta recorrer el gobierno de Claudia Sheinbaum. Mientras continúa la revisión del T-MEC con Estados Unidos y Canadá, México acelera contactos con otros socios comerciales. La próxima semana recibirá al presidente de Suiza, Guy Parmelin, y en septiembre está prevista la visita del mandatario de Corea del Sur, Lee Jae-myung, como parte de una estrategia para ampliar vínculos con Europa y Asia sin abandonar el mercado estadounidense.

Sin embargo, el principal mensaje proviene del propio funcionamiento del tratado. BBVA Research sostiene que la decisión de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) confirma el escenario que ya anticipaba: el T-MEC seguirá vigente hasta 2036, salvo que alguno de los tres países decida retirarse mediante el mecanismo previsto en el acuerdo, algo para lo que no existe, por ahora, ninguna señal.

La diferencia es política. En lugar de extender automáticamente su vigencia por otros 16 años, Washington optó por mantener revisiones anuales, conservando una herramienta de presión para negociar temas como reglas de origen, inversión, energía, seguridad fronteriza, combate al narcotráfico y la participación de insumos provenientes de China.

Para BBVA, el riesgo no radica en perder el acceso preferencial al mercado estadounidense, que permanece intacto para los bienes que cumplen con las reglas de origen, sino en prolongar la incertidumbre regulatoria que condiciona las decisiones de inversión.

La reacción de los mercados confirmó que el escenario ya estaba descontado: ni el peso ni los indicadores de riesgo registraron movimientos relevantes tras el anuncio. Ello refleja que los inversionistas no esperan una ruptura del tratado, sino un periodo prolongado de negociación política.

Paradójicamente, México mantiene una posición favorable. El país continúa como principal socio comercial de Estados Unidos, concentra más del 15% de sus importaciones y conserva una ventaja frente a otros competidores gracias a que el T-MEC sigue siendo el único acuerdo comercial exento de los aranceles generales impuestos por la administración de Donald Trump.

En los hechos, la revisión del tratado parece haber cambiado de naturaleza. Más que definir la continuidad del libre comercio en Norteamérica, se ha convertido en un mecanismo permanente de negociación geopolítica. Por ello, el verdadero desafío para México ya no consiste únicamente en preservar el T-MEC, sino en reducir la dependencia de un solo mercado mientras genera la certidumbre regulatoria que inversionistas y empresas seguirán demandando durante los próximos años.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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