La inversión se apaga y México pierde

La inversión se apaga y México pierde

Fotografía: Redacción CIgdl.

• La inversión productiva suma 19 meses de retrocesos. El problema no es el dato de marzo, sino lo que anticipa: menos crecimiento, menos empleo y una economía atrapada entre la incertidumbre del T-MEC, la desconfianza empresarial y la falta de recursos públicos.

La inversión fija bruta creció apenas 0.4 por ciento en marzo respecto al mes anterior. A primera vista parece una buena noticia. No lo es. Detrás de ese ligero avance mensual se esconde una realidad mucho más preocupante: la inversión productiva cayó 3.1 por ciento anual y acumuló 19 meses consecutivos de contracción.

Para entender la gravedad del dato hay que recordar qué significa realmente la inversión. No se trata simplemente de construir edificios o comprar maquinaria. La inversión es la apuesta que hacen empresas y gobiernos por el crecimiento futuro. Es la fábrica que se construye hoy para producir mañana, la maquinaria que elevará la productividad dentro de unos años o la infraestructura que permitirá generar empleo en el largo plazo.

Por eso, cuando la inversión se frena durante casi dos años seguidos, lo que se está deteriorando no es sólo la actividad económica actual; se está comprometiendo la capacidad de crecimiento del país para los próximos años. Los números explican buena parte del problema. La inversión privada cayó 4 por ciento anual, mientras que la pública creció 7.6 por ciento. Sin embargo, el impulso gubernamental no ha sido suficiente para compensar la cautela empresarial.

Los analistas identifican tres factores detrás de este comportamiento. El primero es la debilidad económica. Las expectativas de crecimiento para México continúan reduciéndose y ninguna empresa invierte agresivamente cuando anticipa un mercado más pequeño. El segundo es la incertidumbre derivada de la próxima revisión del T-MEC. De acuerdo con información publicada por Bloomberg, Estados Unidos, México y Canadá podrían dejar pasar la fecha límite de julio para renovar el acuerdo comercial, lo que abriría meses o incluso años de negociaciones sobre reglas de origen, aranceles y condiciones de operación para sectores estratégicos como el automotriz.

Para los inversionistas, la incertidumbre es casi tan dañina como una mala noticia.
Y el tercer factor es el cambio en las reglas del juego internas. Las reformas constitucionales, la elección judicial y las dudas sobre el entorno regulatorio han generado cautela entre empresas nacionales y extranjeras que prefieren esperar antes de comprometer grandes cantidades de capital. La consecuencia ya comienza a observarse.
Durante el primer trimestre de 2026, la inversión cayó 3.3 por ciento anual. Particularmente preocupante resulta el desplome de 6.8 por ciento en maquinaria y equipo, uno de los indicadores que mejor reflejan la confianza empresarial. Cuando una empresa deja de comprar maquinaria, normalmente no sólo está recortando gasto; está posponiendo crecimiento, contratación de personal y expansión productiva.

Por eso existe prácticamente consenso entre economistas respecto a que la falta de inversión es la principal explicación de por qué México no logra crecer a tasas más elevadas. La historia tampoco comenzó con la actual administración. Durante el gobierno de Felipe Calderón, incluso enfrentando la crisis financiera global de 2008-2009, la inversión productiva registró un crecimiento promedio anual de 3.07 por ciento. Con Enrique Peña Nieto la inversión se desaceleró drásticamente y apenas avanzó 0.55 por ciento promedio anual, afectada por la reducción de la inversión pública.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador ocurrieron tres etapas distintas: la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, el impacto de la pandemia y posteriormente el impulso derivado del nearshoring. El resultado fue un crecimiento promedio anual de 1.7 por ciento. Ahora el panorama vuelve a deteriorarse. Tras una caída de 6.3 por ciento en 2025, los analistas esperan apenas una recuperación marginal de 1.5 por ciento para 2026, insuficiente para recuperar el terreno perdido.

El problema es que el gobierno enfrenta restricciones presupuestales que limitan su capacidad para impulsar grandes proyectos de infraestructura. Si el sector público no tiene margen para invertir más, la responsabilidad recae inevitablemente sobre la inversión privada. Y ahí aparece el verdadero desafío.

Sin confianza no hay inversión. Sin inversión no hay crecimiento. Y sin crecimiento terminan apareciendo los problemas que más preocupan a las familias: menos empleo formal, menores salarios reales, menor acceso al crédito y menos oportunidades para las pequeñas y medianas empresas.

Precisamente por eso resulta relevante el movimiento anunciado por Banorte y CONTPAQi. Aunque no representa una solución al problema estructural de la inversión nacional, sí apunta hacia uno de los sectores que puede amortiguar la desaceleración: las PyMEs. La integración automática entre información bancaria y contable busca reducir costos administrativos, agilizar conciliaciones financieras y mejorar la toma de decisiones empresariales. En otras palabras, intenta que las pequeñas empresas sean más eficientes en un entorno donde cada peso invertido cuenta.

Es una respuesta pragmática frente a una realidad compleja. Porque mientras el país discute el futuro del T-MEC, la reforma judicial o las tensiones con Estados Unidos, miles de pequeñas empresas siguen enfrentando el mismo reto de siempre: sobrevivir, crecer y generar empleo.
La inversión fija bruta es, en el fondo, un termómetro de confianza. Y después de 19 meses consecutivos de debilidad, el mensaje que envía ese termómetro es difícil de ignorar: México no enfrenta solamente una desaceleración económica. Enfrenta una creciente falta de confianza en su capacidad para crecer.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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