Fotografia: Redacción CIgdl
• Desde Puebla, Claudia Sheinbaum invocó la soberanía ante las pesquisas de EE. UU. sobre el gobernador de Sinaloa. Pero entre expedientes, cifras y reportajes, el país empieza a parecer menos una república… y más una narcoserie con nombres propios.
En el marco del 164 aniversario de la Batalla de Puebla, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó la ceremonia para enviar un mensaje político frente a las investigaciones abiertas en Estados Unidos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Desde Puebla acusó a la oposición de “aplaudir” la intervención de agencias estadounidenses y de celebrar las investigaciones contra funcionarios vinculados con Morena. Incluso lanzó una advertencia: quienes creen que su gobierno se arrodillará ante presiones externas “están destinados a la derrota”.
La referencia histórica tampoco fue casual. Evocó a los conservadores que respaldaron la llegada de Maximiliano a México durante la intervención francesa, colocando implícitamente a sus críticos en el terreno de la traición nacional. Sin embargo, el problema político que enfrenta hoy el obradorismo no nace de una conspiración internacional ni de la oposición ni de los medios. Surge de hechos acumulados durante años que ahora comienzan a aparecer en investigaciones, reportajes y expedientes judiciales.
El punto de partida está en la política de seguridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La estrategia de “abrazos, no balazos” prometía atender las causas sociales de la violencia y evitar confrontaciones directas con los cárteles. Pero en la práctica derivó en una asimetría operativa: mientras el Estado reducía su presencia en diversas regiones, los grupos criminales ampliaban su control territorial, económico y social.
La frase presidencial —“los criminales también son seres humanos”— terminó convirtiéndose en el símbolo de una política que para muchos implicó el repliegue del Estado frente al crimen organizado. Para sus críticos, aquello también reflejó otra realidad: el pago de favores por financiamiento político. Porque esa narrativa de que López Obrador conoce cada rincón del país no fue solo una frase de campaña; para algunos observadores fue también la confirmación de que en esos recorridos hubo encuentros con organizaciones criminales.
Por eso, cuando desde el poder se lanza el señalamiento de “traición a la patria”, la pregunta inevitable aparece: ¿quién traiciona más a la nación? ¿Quiénes pactan con organizaciones criminales o quienes denuncian esos pactos? El caso Rocha Moya ayuda a explicar por qué tanto López Obrador como Sheinbaum criticaban las narcoseries de las plataformas de streaming. No solo por la apología que, según ellos, promovían, sino porque esa supuesta ficción terminaba reflejando demasiado bien la realidad política que hoy emerge.
El guion parece conocido: elecciones bajo presión criminal, operadores levantados, pactos silenciosos y estructuras financieras opacas. Solo que ahora la serie tiene nombre propio: Sinaloa, Rocha Moya y las relaciones políticas que lo hicieron posible.
Las revelaciones del periodista Héctor de Mauleón describen uno de los episodios más inquietantes de la elección que llevó a Rocha Moya al poder: más de 200 operadores políticos secuestrados por integrantes del Cártel de Sinaloa en las horas previas a la jornada electoral. El entonces candidato opositor, Mario Zamora Gastélum, reconoció el conteo rápido y lanzó una frase que debió detonar un escándalo nacional: “Ya se acabó la elección, ya se obtuvo el resultado que al parecer estaban buscando. Regrésenlos por favor”.
Nada ocurrió después. El entonces gobernador Quirino Ordaz Coppel recomendó “dar vuelta a la página”. Más tarde fue nombrado embajador en España por López Obrador, quien incluso afirmó que ese día el crimen organizado “se había portado muy bien”. A su vez, Santiago Nieto Castillo, entonces titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, aseguró que no había irregularidades en el financiamiento de la campaña de Rocha Moya.
Las revelaciones del periodista Carlos Loret de Mola añaden otra pieza al rompecabezas: la ruta del dinero. Según fuentes con acceso a investigaciones en curso, Enrique Díaz Vega —secretario de Administración y Finanzas del gobierno sinaloense— habría coordinado entregas de dinero en efectivo destinadas a los hijos del expresidente.
Los nombres señalados son Andrés Manuel López Beltrán y Gonzalo López Beltrán. En ocasiones, según esas versiones, viajaban a Sinaloa y eran recibidos por el propio gobernador; en otras, portafolios con efectivo llegaban a la Ciudad de México. En ese circuito también aparece el empresario Amílcar Olán, señalado como operador financiero cercano al círculo del expresidente.
Mientras tanto, Washington endurece su postura. La Casa Blanca presentó su Estrategia Nacional Antidrogas 2026, que exige resultados concretos: incautaciones de precursores, reducción de drogas sintéticas y desmantelamiento de cárteles. La presión incluye perseguir facilitadores financieros —incluidos bancos—, operadores políticos, empresarios y funcionarios por donde circula el dinero del crimen organizado y la corrupción.
Tras las acusaciones del Departamento de Justicia contra Rocha Moya, la Fiscalía General de la República dijo que esperará pruebas antes de solicitar órdenes de aprehensión. En contraste, la misma institución citó a casi 50 funcionarios en Chihuahua para declarar sobre la participación de agentes de la CIA en la destrucción de un narcolaboratorio.
La pregunta inevitable es si ambas investigaciones avanzarán con la misma velocidad. El mensaje de Sheinbaum en Puebla coloca el debate en el terreno de la soberanía y el nacionalismo político. Pero más allá del discurso, la crisis que enfrenta hoy el obradorismo parece tener otro origen: una acumulación de hechos, reportajes e investigaciones que comienzan a converger.
Y cuando eso ocurre, la historia deja de parecer una serie de streaming. Se convierte en un problema de Estado. Porque, al final, como solía repetir el propio López Obrador: “Tonto es quien piensa que el pueblo es tonto”.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com


