México: grado de inversión, pero comida más cara

México: grado de inversión, pero comida más cara

Fotografía: Redacción CIgdl

• Fitch Ratings mantiene la calificación soberana del país en el último escalón del grado de inversión. Pero mientras los mercados celebran estabilidad, los datos muestran otra realidad: los alimentos se encarecen al doble de la inflación y presionan la vida diaria de millones de familias.

En los mercados financieros, algunas noticias se celebran con alivio, aunque ese alivio rara vez llega a la mesa de las familias. Eso ocurre con la reciente decisión de Fitch Ratings de ratificar la calificación de México en BBB- con perspectiva estable, el último peldaño antes de perder el llamado grado de inversión.

Traducido a términos simples: México sigue siendo considerado confiable para pagar su deuda, pero el margen de seguridad es cada vez más estrecho. Entre las principales agencias calificadoras, Fitch mantiene la evaluación más baja para el país. Otras, como Standard & Poor’s y Moody’s Investors Service, apenas colocan a México un par de escalones por encima del límite que separa el grado de inversión del llamado “bono basura”.

La decisión de Fitch no es un voto de confianza pleno. Más bien es una advertencia con matices. La agencia reconoce fortalezas —como estabilidad macroeconómica y cuentas externas relativamente sólidas— pero insiste en los problemas estructurales que limitan el crecimiento del país:

• bajo crecimiento potencial
• débil base recaudatoria
• rezagos institucionales en gobernanza
• presiones fiscales ligadas a pasivos de Petróleos Mexicanos

En otras palabras, México mantiene estabilidad financiera, pero no logra mejorar su productividad ni su capacidad de crecimiento. El país conserva el grado de inversión más por prudencia de los mercados que por una transformación económica de fondo.

Mientras las calificadoras miran los balances del gobierno, los hogares enfrentan otra presión mucho más inmediata: el precio de los alimentos. Este lunes, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía publicó la actualización de las Líneas de Pobreza correspondientes a marzo, y el dato es contundente.

La canasta alimentaria subió 8.1% anual en zonas urbanas y 7.9% en zonas rurales.
Es decir, los alimentos se están encareciendo prácticamente al doble de velocidad que la inflación general, que cerró marzo en 4.6%.

Detrás de este incremento hay productos específicos que han disparado los precios. El caso más visible es el del jitomate, cuyo precio aumentó 126% en un año, explicando buena parte del encarecimiento de la canasta básica, especialmente en el ámbito rural. El resultado es que el costo mínimo para no caer en pobreza por ingresos sigue subiendo.

Según las cifras más recientes, para cubrir la canasta completa —que incluye alimentos, transporte, salud y vivienda— una persona en zona urbana necesitó 4,940 pesos mensuales, mientras que en el ámbito rural el umbral ronda los 3,553 pesos al mes. Para millones de hogares, el problema no es macroeconómico sino cotidiano: cada vez alcanza para menos comida.

La inflación general suele ocultar un detalle clave: no todos los precios suben igual ni afectan por igual a todos los hogares. De acuerdo con análisis citados por economistas de Banco Nacional de México, los hogares de menores ingresos destinan entre 7% y 9% de su gasto a frutas y verduras, mientras que en los hogares de mayores ingresos el porcentaje ronda apenas el 3%.

Por eso la inflación alimentaria se convierte en una inflación socialmente regresiva: golpea más fuerte a quienes tienen menos ingresos.

El escenario interno tampoco ayuda. Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos e Irán tras la ruptura de negociaciones de paz han elevado la volatilidad en los mercados energéticos y empujado el petróleo nuevamente hacia los 100 dólares por barril. Cuando suben los energéticos, la cadena de costos se traslada a transporte, fertilizantes, logística y producción agrícola. Tarde o temprano, termina reflejándose en el precio de los alimentos.

La lectura final es incómoda pero clara. México no está en crisis financiera, pero tampoco está construyendo las condiciones para crecer con fuerza.

La ratificación de Fitch Ratings confirma que el país mantiene estabilidad macroeconómica, aunque también evidencia que la economía sigue atrapada en un crecimiento bajo y una productividad limitada.

Por ahora, la estrategia parece ser administrar el momento y evitar el deterioro fiscal. Pero mientras los mercados celebran que el país conserva el grado de inversión, la economía cotidiana cuenta otra historia.

Porque en México la estabilidad financiera puede mantenerse…pero el precio de la comida no espera a que mejoren las calificaciones crediticias.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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