Fotografía: Redacción CIgdl.
La Plaza de Toros Nuevo Progreso vivió este domingo una jornada marcada por las emociones encontradas. Entre ovaciones, frustración y momentos de gran arte, la afición tapatía presenció una corrida que dejó claro que en el ruedo nunca hay nada escrito.
El gran protagonista de la tarde fue el matador español Juan Ortega, quien se alzó como el máximo triunfador tras cortar una oreja. Sin embargo, más allá del premio tangible, lo verdaderamente memorable llegó con su primer toro: una faena llena de temple, suavidad y estética que hizo que el público se levantara de sus asientos. El sevillano, con su estilo clásico y sereno, conquistó Guadalajara y firmó una de las actuaciones más destacadas de la temporada.
La historia fue distinta para el queretano Diego San Román, quien enfrentó una tarde adversa. Su segundo toro apuntaba a ser el momento para remontar, pero antes de iniciar la faena de muleta el astado se partió un pitón, dejando sin opciones al matador. Visiblemente contrariado, San Román compartió su sentir tras el infortunio:
“Por algo pasan las cosas… Me voy con un mal sabor de boca porque la gente venía con ganas de gritar y de sentir y, bueno, ni hablar”, lamentó.
Por su parte, Diego Silveti mostró solvencia con el toro que abrió plaza y dejó destellos de su tauromaquia. No obstante, la debilidad de su lote terminó por impedirle redondear una actuación de triunfo.
Así, entre el brillo artístico de Ortega, la mala fortuna de San Román y el esfuerzo de Silveti, el Nuevo Progreso vivió una tarde que reflejó todos los matices de la fiesta brava.


