La insensibilidad del gobierno.
Fotografía: Redacción CIgdl.
Ciudad de México. — Las recientes declaraciones de Zoé Robledo, director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), evidencian no solo una desconexión con la realidad, sino una alarmante falta de responsabilidad del gobierno federal frente a la crisis de salud que atraviesan millones de mexicanos. Ante cuestionamientos sobre el desabasto de medicamentos, Robledo afirmó que “la solución es no enfermarnos”, minimizando el drama que enfrentan pacientes que dependen de tratamientos vitales.
El funcionario sostuvo que el IMSS mantiene un nivel de surtimiento del 97% y que todas las claves de medicamentos están cubiertas, incluso en hospitales que manejan más de 780 fármacos. Sin embargo, estas cifras se contradicen con los testimonios de derechohabientes y personal médico, que reportan faltantes en áreas críticas como oncología, urgencias y enfermedades crónicas. La realidad es que pacientes deben comprar medicinas por su cuenta o suspender terapias esenciales, mientras las autoridades insisten en que todo está bajo control.
La centralización de procesos y las compras consolidadas han complicado aún más la cadena de suministro, dejando a los derechohabientes en una situación de vulnerabilidad inaceptable.
El desdén del gobierno federal queda al descubierto en declaraciones que parecen sacadas de un guion surrealista: mientras millones de mexicanos enfrentan la escasez de fármacos esenciales, la respuesta oficial es que “la solución es no enfermarnos”. La evidencia en hospitales y clínicas demuestra lo contrario: una crisis que pone en riesgo vidas y que revela la incapacidad estructural del sistema de salud pública.
El desabasto de medicinas no es una estadística; es la muestra de un gobierno que falla en garantizar lo más básico: la salud de sus ciudadanos.


