Fotografía: Redacción CIgdl
Mientras las autoridades del ISSSTE continúan asegurando que el sistema de salud cuenta con los insumos y medicamentos necesarios, la experiencia de miles de derechohabientes pinta un panorama totalmente opuesto. Las largas esperas, la falta de medicamentos y la atención deficiente se han convertido en el día a día de quienes dependen de este servicio.
Uno de los muchos testimonios que reflejan esta crisis es el del señor José Sánchez, afiliado desde hace varios años, quien relata su desesperación ante la falta de respuesta médica oportuna:
“Señorita, tengo años atendiéndome en el ISSSTE por ser afiliado, pero siempre son largas para las citas o simplemente no hay medicinas. Desde 2019 las cosas se complicaron más y ahora prefiero irme a los hospitales civiles. Aunque tengo que pagar, al menos ahí me atienden bien. El ISSSTE es un verdadero desastre.”
El testimonio de Sánchez no es un caso aislado. En distintas unidades médicas del país se repiten las mismas quejas: citas que se postergan por meses, consultas reprogramadas sin aviso y farmacias vacías. Pese a ello, las autoridades insisten en que el abasto de medicamentos se encuentra “garantizado” y que los servicios “funcionan con normalidad”.
La realidad de los pacientes, sin embargo, contradice los discursos oficiales. La brecha entre la narrativa institucional y la experiencia cotidiana de los derechohabientes evidencia una profunda crisis en el sistema. Mientras se presumen cifras y se hacen declaraciones triunfalistas, miles de afiliados siguen esperando la atención médica que por derecho les corresponde.
El ISSSTE, que debería ser sinónimo de seguridad y salud, se ha convertido —según sus propios usuarios— en un sistema colapsado, burocrático y carente de sensibilidad humana

