En pleno siglo XXI, cuando México presume avances en digitalización, protección de datos y modernización institucional, un caso ocurrido en Jalisco pone en evidencia el rezago, la negligencia y la profunda indiferencia con la que aún se trata a los ciudadanos comunes.
Desde hace más de seis años, dos mujeres mexicanas que comparten nombre y apellidos similares viven atrapadas en un absurdo kafkiano: sus cuentas individuales fueron confundidas por la AFORE Principal, quien a pesar de que ambas cuentan con CURP, domicilios y trayectorias laborales distintas, ha mezclado sus expedientes.
El resultado ha sido devastador para ambas: una no puede jubilarse, la otra no puede acceder a su seguro de desempleo ni realizar trámites ante el IMSS o el SAT. El caso salió a la luz cuando una de las afectadas, residente de Guadalajara, acudió hace cinco años a una sucursal de AFORE Principal para solicitar su seguro de desempleo. En lugar de atención, recibió un absurdo: le dijeron que no tenía derecho porque “trabajaba en una tequilera de Arandas”, algo completamente falso.
El personal, incapaz de revisar correctamente los datos, confundió su expediente con el de su homónima, quien sí labora en dicha empresa, pero cuya CURP y datos personales son completamente distintos. A pesar de presentar pruebas, acudir repetidamente a las oficinas de la administradora, y levantar denuncias formales,
AFORE Principal se ha negado sistemáticamente a corregir el error. Peor aún, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), instancia encargada de proteger a los ciudadanos, ha recibido las quejas sin ofrecer solución efectiva alguna.
El impacto de este error va mucho más allá de lo administrativo. Estamos hablando de vidas detenidas, de derechos vulnerados, de un daño emocional y moral profundo. Una de las mujeres no puede cambiar de AFORE, pues le informaron —sin fundamento legal válido— que no le permitirán hacerlo porque otras administradoras “no ofrecen el mismo rendimiento”. ¿Desde cuándo una entidad financiera puede atar a una persona con argumentos ambiguos y sin transparencia? Este no es un simple error de papeleo. Es un caso que revela una falla estructural grave en el manejo de datos personales, en la supervisión de las AFORE, y en la ineficiencia de los mecanismos de defensa ciudadana.
El hecho de que dos personas sean homónimas no puede justificar la confusión de identidades cuando el CURP, el principal identificador ciudadano en México, existe precisamente para evitar estas situaciones Resulta alarmante que tanto la AFORE Principal como la CONDUSEF hayan ignorado durante años las denuncias de estas mujeres.
El sistema, que debería estar diseñado para proteger al ciudadano, ha demostrado estar más dispuesto a cubrir a las instituciones financieras que a corregir injusticias evidentes. Mientras tanto, la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), organismo regulador del sistema de AFORES, tampoco ha intervenido de manera clara y eficaz en el caso. ¿Cuántas personas más estarán siendo afectadas por errores similares? Las dos afectadas han alzado la voz con valentía.
Exigen —y con razón— que AFORE Principal se haga responsable de inmediato, que corrija el error sin más excusas, y que tanto la CONDUSEF como la CONSAR actúen de forma contundente. También exigen sanciones a los funcionarios que han permitido que esta injusticia continúe. Un nombre puede repetirse, pero la identidad no, El curp define a la persona; la indiferencia, a las instituciones. aseguró .

