CJNG: la guerra al narcoterrorismo ya no tiene fronteras

CJNG: la guerra al narcoterrorismo ya no tiene fronteras

Fotografía: Redacción CIgdl.

• La advertencia de Ronald Johnson exhibe la dimensión internacional del CJNG y el nuevo terreno de disputa entre México y Estados Unidos: perseguir sus redes, dinero y operadores más allá de las fronteras, mientras en México persisten interrogantes sobre el huachicol fiscal y sus posibles conexiones políticas.

El crimen organizado mexicano dejó hace tiempo de ser un problema confinado al territorio nacional. La advertencia del embajador estadounidense Ronald Johnson —“donde quiera que operen, los perseguiremos”— coloca al CJNG en una dimensión distinta: la de una organización que Washington pretende combatir no sólo en México, sino en cualquier lugar donde haya construido rutas, dinero, operadores o alianzas.

El mensaje no es menor. Llega después de que autoridades estadounidenses acusaran de narcoterrorismo, tráfico de drogas y armas a cuatro presuntos integrantes del CJNG detenidos en República Checa, y días después de que Washington anunciara recompensas por más de 100 millones de dólares para localizar a dirigentes de esa organización, designada como terrorista por Estados Unidos.

Washington reconoce avances, pero exige más

El gobierno de Donald Trump ha reconocido públicamente la cooperación de la presidenta Claudia Sheinbaum en el combate al narcotráfico. Sin embargo, Michael Gonzales, subsecretario adjunto del Departamento de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos, dejó claro que “más se debe hacer” y que Estados Unidos utilizará todas las herramientas disponibles para combatir a las organizaciones que considera terroristas.

La lectura de Washington es, por tanto, doble: hay colaboración, pero no confianza plena en que el problema esté resuelto.

Y ahí aparece uno de los mayores desafíos para México. El gobierno puede presumir detenciones, decomisos y una reducción de homicidios, pero la dimensión del fenómeno criminal se ha vuelto mucho más compleja: drogas, armas, extorsión, trata de personas, lavado de dinero y huachicol fiscal forman parte de una economía criminal que ya opera con alcance transnacional.

El huachicol fiscal abre otra pregunta
En paralelo, continúan las acusaciones políticas alrededor del llamado huachicol fiscal y sus presuntas conexiones con estructuras empresariales y criminales. Andrés Manuel López Beltrán ha rechazado cualquier vínculo con ese negocio y sostiene que las acusaciones son falsas y que buscan afectar la imagen de su padre.

Hasta ahora, una acusación no equivale a una prueba. Pero tampoco puede descartarse simplemente como una disputa política. Lo que corresponde es investigar empresas, importaciones, permisos, movimientos financieros, rutas de combustible y posibles redes de protección, sin importar el partido o apellido involucrado.

Porque el verdadero problema no es solamente quién aparece en una acusación, sino cómo una estructura criminal puede permanecer operando durante años sin que nadie responda por ella.

El problema tampoco termina con los homicidios
La presión estadounidense ocurre mientras México intenta presentar una reducción significativa de la violencia como evidencia de que su estrategia de seguridad funciona. Sin embargo, el alcance internacional del CJNG muestra que el fenómeno criminal no puede medirse únicamente por homicidios.

Incluso la experiencia estadounidense con los ataques contra embarcaciones utilizadas por narcotraficantes revela una dificultad adicional: golpear una ruta no necesariamente destruye el mercado. Los grupos criminales modifican sus métodos, cambian rutas y sustituyen vehículos y mecanismos de transporte.

La conclusión es incómoda para ambos gobiernos: el crimen organizado también se adapta a la estrategia del Estado. Por eso, la advertencia de Ronald Johnson debe leerse más allá de una frase diplomática. Estados Unidos está diciendo que perseguirá al CJNG dondequiera que opere, mientras México enfrenta el reto de demostrar que sus instituciones pueden hacer lo mismo dentro de su territorio.

El punto central ya no es solamente cuántos criminales son detenidos. La pregunta es quién controla las rutas, quién mueve el dinero, quién facilita las operaciones y quién protege las estructuras que permiten que el negocio continúe. Y esa es, probablemente, la parte más incómoda de esta historia.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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