Fotografía: Enríquez
Una conversación cotidiana entre un padre y sus hijos terminó convirtiéndose en el motor de un modelo de producción agrícola sostenible. Isaías Orozco, gerente de operaciones de la división agrícola Rimage para Productos Finos de Agave (Campo Azul), recuerda cómo la inocente observación de sus hijos sobre el impacto de retirar vegetación para el cultivo de agave lo impulsó a demostrar que la producción industrial y el cuidado medioambiental no están peleados.
Lo que inició como una explicación familiar derivó en un compromiso corporativo con el respaldo de la dirección de la empresa. Este año, la compañía celebró la tercera edición de su jornada de reforestación, consolidando un esfuerzo continuo que ya suma miles de ejemplares sembrados en la región.
Metas y alianzas: 1,500 nuevos árboles con visión de supervivencia
En esta tercera edición, la iniciativa sumó a cerca de 150 participantes, entre colaboradores internos, medios de comunicación, gente de la comunidad local, proveedores y clientes. Carolina Vázquez, del equipo de Marketing de Campo Azul, destacó el crecimiento constante del evento, que pasó de reunir a entre 80 y 90 personas el año anterior a la convocatoria actual, reafirmando la intención de sumar a más empresas a proyectos con responsabilidad social y ambiental.

La meta de esta jornada es la siembra de 1,500 árboles adicionales, los cuales se añadirán al histórico de 5,500 ejemplares previamente plantados. La selección de especies no fue al azar; se apostó por árboles endémicos y de alta resistencia como robles, jacarandas, fresnos y mezquites.
Orozco explicó que la prioridad es la calidad y adaptabilidad de los ejemplares para asegurar que puedan subsistir tras los primeros cinco años de cuidado intensivo a cargo de la empresa. Tras haber alcanzado un 90% de sobrevivencia en las jornadas previas —una tasa sobresaliente para este tipo de iniciativas—, la expectativa para esta nueva etapa es mantener el estándar de que al menos 9 de cada 10 árboles plantados logren consolidarse.
Coexistencia entre el agave y el ecosistema local
Uno de los mitos que la empresa busca derribar con este proyecto es la supuesta incompatibilidad entre las grandes extensiones de agave y la presencia de arbolado. Orozco señaló que, si bien las copas de los árboles generan zonas de sombra delimitadas, existen amplios espacios donde el agave se desarrolla sin contratiempos.
Además, destacó los beneficios sistémicos de la biodiversidad vegetal: la masa radicular de los árboles enriquece la tierra con microorganismos que benefician a todo el cultivo a su alrededor.
Un símbolo tangible de esta filosofía se encuentra en el mismo predio de la jornada, donde un roble mexicano de 150 años permanece intacto. El propietario original del terreno prestó la tierra para la producción con la condición explícita de respetar los ejemplares maduros existentes, un compromiso que Campo Azul asumió como eje rector.
Con estas acciones, la denominada “Familia Campo Azul” busca no solo neutralizar su impacto operativo, sino establecer un precedente de educación ambiental para las futuras generaciones y dejar un legado de conservación en las tierras tequileras.


