T-MEC: la tercera ronda pone a prueba a México

T-MEC: la tercera ronda pone a prueba a México

Fotografía: Redacción CIgdl.

• Las negociaciones entre México y Estados Unidos entran en una fase decisiva. Mientras Washington busca endurecer las reglas de origen y reducir la presencia de insumos chinos, el gobierno de Claudia Sheinbaum llega con argumentos para defender la integración regional, aunque enfrenta presiones comerciales, industriales y geopolíticas que podrían redefinir el futuro del tratado.

La tercera ronda de negociaciones para la revisión del T-MEC comenzó con una realidad ineludible: México llega mejor preparado que en revisiones anteriores, pero enfrenta una contraparte que ha decidido convertir el tratado comercial en un instrumento de política industrial y de seguridad nacional.

Durante tres días, equipos técnicos de ambos países discutirán temas sensibles como acero, aluminio, industria automotriz, reglas de origen, agricultura, servicios digitales, asuntos laborales y seguridad económica, antes de la llegada del representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, quien sostendrá reuniones con la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.

La principal fortaleza de México sigue siendo su integración productiva con Estados Unidos. Cerca del 85% de las exportaciones mexicanas continúa ingresando al mercado estadounidense sin aranceles, mientras que el país se mantiene como el principal socio comercial de la economía más grande del mundo. A ello se suma un argumento técnico que debilita uno de los principales reclamos de Washington: los propios registros de la American Automobile Labeling Act (AALA) muestran que los vehículos ensamblados en Estados Unidos contienen hoy una mayor proporción de componentes asiáticos que los producidos en México, desmontando parcialmente la narrativa de que el país se ha convertido en la “puerta trasera” de China.

Además, las medidas adoptadas por el gobierno mexicano para gravar importaciones provenientes de países sin tratado comercial ya comienzan a mostrar resultados, con una reducción significativa de compras de productos chinos y asiáticos, una señal que fortalece la posición negociadora de México frente a las exigencias estadounidenses de reducir la dependencia de cadenas de suministro provenientes de Asia.

Sin embargo, las debilidades también son evidentes. Washington no sólo busca endurecer las reglas de origen para elevar el contenido estadounidense en los productos regionales, sino que pretende mantener revisiones anuales hasta 2036, un mecanismo que incrementa la incertidumbre para las inversiones y otorga mayor capacidad de presión política a la administración de Donald Trump.

A ello se suma un entorno en el que la agenda comercial dejó de ser exclusivamente económica. La seguridad fronteriza, el combate al crimen organizado, la competencia tecnológica con China y la relocalización de cadenas productivas forman ahora parte de una misma negociación.

Para el gobierno de Claudia Sheinbaum, el desafío consiste en demostrar que México puede reducir la dependencia de insumos asiáticos sin perder competitividad ni convertirse en un simple receptor de condiciones impuestas por Washington.

La tercera ronda del T-MEC, por tanto, no definirá únicamente el futuro del tratado comercial. También medirá el margen de maniobra que tendrá México para defender su política industrial en un contexto donde Estados Unidos busca reescribir las reglas de integración económica de Norteamérica bajo criterios de seguridad nacional y competencia geopolítica.

@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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