Fotografía: Redacción CIgdl.
• La primera ronda formal de negociación entre México y Estados Unidos inicia este jueves bajo un clima de incertidumbre comercial, tensiones arancelarias y presión política desde Washington. Aunque Banamex anticipa años de revisiones y menor inversión, México mantiene una ventaja estratégica dentro de Norteamérica gracias al T-MEC.
La revisión formal del T-MEC arranca este jueves en la Ciudad de México y marcará el inicio de una negociación que podría definir el rumbo económico de Norteamérica hacia el cierre de la década. El anuncio del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirma el comienzo de mesas técnicas entre ambos gobiernos en un momento donde el comercio dejó de ser únicamente un asunto económico para convertirse en una herramienta de presión política y geopolítica.
Detrás de la revisión no sólo está el futuro del tratado comercial. También está la estrategia de Donald Trump para reforzar su narrativa electoral, contener a China y recuperar manufactura estadounidense mediante aranceles, reglas de origen más estrictas y presión migratoria sobre México.
El análisis de Banamex plantea que el escenario más probable no es una ruptura inmediata del T-MEC, sino un periodo prolongado de revisiones anuales hasta 2028. Es decir, una negociación permanente que mantendrá viva la incertidumbre para empresas, inversionistas y mercados financieros.
Sin embargo, México llega a esta revisión con una ventaja que hace algunos años parecía improbable: hoy es el principal socio comercial de Estados Unidos. Mientras China perdió participación en las importaciones estadounidenses desde la guerra comercial iniciada en 2017, México logró ganar terreno gracias a la integración manufacturera y al nearshoring.
El dato más relevante es el diferencial arancelario. En un entorno donde el arancel promedio global ronda 8.1% y China enfrenta tasas cercanas a 29%, México mantiene una carga efectiva de apenas 2.7% gracias al T-MEC. Ese diferencial se ha convertido en una ventaja competitiva clave para atraer inversión y mantener cadenas productivas en sectores como automotriz, electrónico y manufactura avanzada.
Pero esa fortaleza también tiene límites. La dependencia de México respecto al mercado estadounidense sigue siendo estructural y deja al país vulnerable frente a decisiones políticas de Washington. Trump ha dejado claro que utilizará aranceles no sólo por razones comerciales, sino también como mecanismo de presión en temas migratorios, seguridad fronteriza y combate al narcotráfico.
Además, la revisión ocurre en un contexto delicado para la economía mexicana. Banamex advierte que la incertidumbre ya golpeó a la inversión privada, reflejada en la caída anual de 6.3% de la formación bruta de capital fijo. Aunque el país sigue captando proyectos de relocalización, muchas empresas podrían posponer decisiones de expansión hasta conocer el desenlace del tratado.
El impacto macroeconómico sería moderado, pero persistente. El banco estima un crecimiento del PIB de apenas 1.3% para 2026 y de 1.8% para 2027 bajo el escenario de revisiones anuales. La volatilidad cambiaria, menor dinamismo industrial y cautela empresarial podrían convertirse en los principales costos de una negociación prolongada.
Otro elemento relevante es el papel del Congreso estadounidense. A diferencia de la renegociación de 2017, Trump ya no cuenta con la Autoridad de Promoción Comercial (TPA), lo que aumenta el peso político del Legislativo en cualquier modificación futura del acuerdo. Las elecciones intermedias de 2026 podrían alterar por completo la correlación de fuerzas y redefinir el tono de las negociaciones.
En el fondo, la disputa no es únicamente comercial. Estados Unidos busca reconfigurar Norteamérica como bloque estratégico frente a China y exigirá mayor alineación regional en cadenas de suministro, contenido regional y política industrial. México deberá negociar no sólo acceso al mercado, sino también su lugar dentro del nuevo mapa geopolítico global.
Por ahora, el escenario más extremo —la cancelación del T-MEC— sigue siendo poco probable. Las propias industrias estadounidenses dependen de las cadenas integradas con México y Canadá. Romper el tratado implicaría costos inflacionarios, desabasto industrial y mayor incertidumbre en plena antesala electoral en Estados Unidos.
La paradoja es evidente: Trump amenaza constantemente al T-MEC, pero al mismo tiempo su política comercial ha fortalecido la posición relativa de México frente al resto del mundo. El desafío para el gobierno mexicano será convertir esa ventaja coyuntural en estabilidad de largo plazo, en medio de una negociación que apenas comienza.
@JErnestoMadrid
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