Por: Redacción CIgdl.
En el corazón de Guadalajara, entre la nostalgia de la colonia Chapalita y la solemnidad del Edificio Arroniz, se gesta un proyecto que busca ser mucho más que una película: pretende ser un abrazo visual al espectador. Juliana Orea Martínez, cineasta tapatía de 35 años, encabeza este viaje emocional titulado El año del gato, su ópera prima de largometraje de ficción donde asume con maestría los roles de directora, guionista y productora. Tras casi una década de trabajo persistente y cortometrajes que han recorrido el mundo, Orea Martínez apuesta por una historia que, aunque nace de la anécdota familiar y local, posee una fibra universal que promete resonar en cualquier latitud.
La película se inscribe en el género del coming-of-age, capturando ese año bisagra en la vida de una familia cuando los padres deciden separarse. Narrada desde la perspectiva de la hija mayor, la trama explora el momento crítico en que los sueños se ponen en pausa y el entendimiento mutuo se vuelve la única balsa de salvación. Sin embargo, el núcleo de la obra es la relación madre-hija; una evolución que Juliana describe poéticamente como el tránsito de la mirada de la madre sobre la hija hacia el descubrimiento de la hija sobre la madre, reconociendo finalmente que los padres, antes que figuras de autoridad, son seres humanos con sus propias grietas y deseos.
Estéticamente, El año del gato invita a una inmersión en la memoria. Con la dirección de fotografía de Santiago Pedroche y el diseño de producción de Paloma Camarena, la cinta busca emular la calidez de un viejo álbum de fotos familiar. Es un universo construido con retazos de los años 90, habitado por personajes intergeneracionales que permiten que el público, desde los más jóvenes hasta los abuelos, encuentre un espejo donde mirarse. La música, lejos de ser un mero acompañamiento, se erige como un personaje más bajo la tutela de Kenji Kishi y Mariana Rosales, integrando piezas de Manuel M. Ponce en una narrativa que fluye entre décadas y emociones.
El proyecto es, además, un estandarte de la descentralización cinematográfica en México. Lograr que una ópera prima obtenga el apoyo de Focine fuera de la capital del país es una hazaña que Juliana y su socio en Ártico Cine, José Villanueva, asumen con orgullo y responsabilidad. El 90% del equipo técnico es egresado de la Universidad de Guadalajara, consolidando a Jalisco no solo como un escenario atractivo por sus incentivos fiscales y su cash rebate, sino como un semillero de talento capaz de exportar calidad artística global. Nombres como María Fernanda Carrillo, Ana Monterrubio y Roberto Sosa dan vida a este elenco que ha transitado por espacios icónicos como el Planetario, la Casa de la Cultura Jalisciense y en el Teatro Experimental de Jalisco.
A medida que el rodaje avanza en su quinta semana, recorriendo las calles que vieron crecer a su directora, El año del gato se perfila como un homenaje a las madres y un recordatorio de que el cine puede ser un refugio positivo. Para Juliana Orea Martínez, cada toma es el resultado de siete años de gestión y una vida de observación, entregando una obra que nace del amor y que, ante todo, busca recordarnos la entrañable humanidad que nos une a través de las generaciones.
Sin duda una vez que concluya la sexta semana de grabación, sigue el proceso de post producción, es decir, la película tomará forma como un gran rompecabezas que en los próximos meses se pulirá y enriquecerá para estar lista al público en el primer semestre del 2027.



