8M en Guadalajara

8M en Guadalajara

Crónica de una congregación de mujeres conscientes

Por: Martha Isabel Parra

Me tocó asistir a la marcha feminista de este 8 de marzo de 2026, para acompañar a la señora Virginia Ann Hemingson, madre de Ángela Birkenbach, quien murió víctima de feminicidio en octubre de 2023. Dejé mi auto en la zona de la Capilla de Jesús y decidí caminar hasta el punto donde nos veríamos: “La Antimonumenta”, que se ubica justo frente a la plaza de Armas en el paseo Alcalde, Virginia es una señora mayor, camina con la ayuda de una andadera con rueditas, que también puede usarla como asiento, así que no es, como tal, una silla de ruedas; me preguntaba cómo habríamos de caminar con ella durante la marcha. Antes, para organizar su participación, hablé con Lupita Ramos y Ale Cartágena de CLADEM, ellas me informaron que en ese punto se reunirían, familias con carriolas, sillas de ruedas, mujeres embarazadas y personas con dificultades para moverse, así que muy temprano me encaminé hacia el punto para apoyar con la avanzada y advertir cualquier situación que pudiera ser de relevancia para la señora Virginia, en el camino se me acercó una joven que me preguntó si yo iba rumbo a la marcha, le dije que sí. Yo llevaba una pañoleta morada en el cuello y por esa razón me identificó y confió en que mi respuesta sería positiva, entonces caminamos juntas, la chica me contó que esta sería su primera marcha, mostró emoción, le pregunté de dónde era y me contó una historia que quiero integrar a la crónica del 8M. Me dijo que ella es de una población muy alejada de Chiapas, de nombre “Estación Juárez”, lugar del que yo no tenía conocimiento de su existencia, y justo estábamos llegando al parque Rojo, donde se encuentra la Estación Juárez del tren ligero; me contó que en su pueblo abusan de las mujeres, y de las niñas, que hay feminicidios y violencia en familiar constante, pero que también hay miedo y hay silencio. Estación Juárez es una villa o localidad perteneciente al municipio de Juárez en el estado de Chiapas con 21,000 habitantes, pero la villa de donde viene la chica que me acompañó en el camino, la habitan sólo 7,200 personas. Me contó que hace poco una niña fue abusada sexualmente por un funcionario del ayuntamiento y que la madre empezó a dar entrevistas y hubo por primera vez en su pueblo una especie de tímida manifestación por la indignación que causó el hecho, en el que por supuesto se protege al violentador. La joven salió de su pueblo para ejercer su derecho a la libertad, me explicó, que allá hay mucha desinformación y que, a pesar de todo, ella se logró informar y al saber que tenía derechos, decidió dejar el pueblo, donde su destino sería crecer un poco, casarse, tener hijos, vivir bajo el yugo del marido y permanecer en silencio, porque es el silencio el que caracteriza a una comunidad temerosa de alzar la voz por las injusticias que se cometen contra las mujeres.  Para ella, la del domingo, fue su primera marcha feminista.

LA ANTIMONUMENTA

Como me fui con tanto tiempo de anticipación, me tocó confluir con las mujeres de la marcha separatista, que había dado inicio dos horas antes en el monumento a Los desaparecidos y desaparecidas de Guadalajara (Monumento a los Niños Héroes de Chapultepec), me puse a grabar videos y a tomar fotos, me integré con ellas, hice mi papel de periodista, pero también compartí las sensaciones que como mujer, se perciben en cuerpo, alma y corazón, las consignas y la fuerza que ellas ponen al gritarlas, los testimonios, las lágrimas, las pancartas que hablan de que en cada una de ellas hay una historia de abuso y violencia, me erizaron la piel, también pude ver la perfecta organización de la marcha, que ha ido evolucionando año con año. Al llegar a la plaza de Armas, una valla metálica la circundaba y tras de ella había cientos de mujeres policías formando una valla humana para impedir que las manifestantes pudieran entrar, frente a todo el contingente, las mujeres vestidas de negro con cara completamente cubierta, y con un listón rosa en la cabeza hacían lo suyo, tumbaban las vallas y forcejeaban con las policías, – “¿Así cuidaron a las que ya no están?”-  gritaba una mujer del bloque negro, – “¡Ellas son las policías que trabajan para el gobierno que NO NOS CUIDA!”-, mientras  otras de ellas, daban instrucciones al contingente, – “¡Abajo!” nos gritaron, y todas tuvimos que bajarnos a nivel de la calle, circundando la Antimonumenta, y así permanecimos; algunas se cansaban y volvían a levantarse e inmediatamente las mujeres del “Bloque Negro” volvían a dar la instrucción, -“Abajo”- mientras en el frente, varias de ellas luchaban por derribar la barrera de vallas metálicas, así transcurrió una media hora, hasta que de repente, las policías, al parecer por una orden que recibieron, hicieron una fila y se retiraron, dejando el campo libre a las feministas del bloque negro, quienes tumbaron toda la valla y llegaron al kiosko de la Plaza de Armas, mismo que estaba totalmente cercado, con instalaciones de malla ciclónica puesta con postes incrustados en el piso, pues ni eso les impidió llegar al kiosko, bajaron toda la malla ciclónica a trancazos con marros y tubos en mano, mientras se escuchaban gritos de, – “Les preocupa más una estatua que una niña violada y asesinada!”- quemaron la lona que cubría la malla y por fin echaron todo abajo, subieron al kiosko y rompieron todo lo que tuvieron a su alcance, quemaron un mono de papel que representa al patriarcado y comenzaron los testimonios de mujeres que lloraban por tantos abusos y tantas historias llenas de dolor, violencia vicaria, odio, ausencias injusticias etc. Para esa hora nos habían avisado que la señora Virginia no acudiría a la marcha, pues se sintió mal, además estaba difícil que se acercara al centro, así que le dijimos que la representaríamos con toda la fuerza, para que el espíritu de su hija Ángela estuviera presente en el acto solemne y energéticamente más poderoso que se haya dado en la historia de las luchas feministas del mundo. Las mujeres que han acudido a estas marchas pueden corroborarlo, es un acto de reflexión de solemnidad luctuosa cuyas intenciones van en el mismo sentido:  la lucha por los derechos, la exigencia de justicia, el alto a la violencia feminicida, y sí, ahí estaba Ángela, ahí abajo del kiosko colocamos las mantas con su rostro e inmediatamente las mujeres comenzaron a acomodar, como una especie de ofrenda, las cartulinas que habían cargado en el trayecto, todas  llenas de dolor, violencia y opresión, la historia de cada una de fue colocándose en el piso, después hicieron lo mismo alrededor de la antimonumenta, y enseguida llegaron las feministas de la otra marcha, la que salió a las 4 de la tarde del parque Morelos,  mi compañera Lety, su hija y yo, nos integramos a esa marcha que se dirigía hacia el andador Escorza, junto al Paraninfo Universitario, entre las tres extendimos y cargamos la manta con el rostro e información del feminicidio de Ángela Birkenbach, que tiene todos los ingredientes de la violencia feminicida al grado máximo, violencia que se sigue perpetuando con la revictimización de las víctimas colaterales y con la complacencia del Estado, lo que las abogadas defensoras de la familia Birkenbach han demostrado, pues diversos jueces han emitido órdenes judiciales para que los menores hijos de Ángela vivan con la familia del presunto feminicida, y visiten a su papá, privado de la libertad en el penal de Tepic, porque se encuentra vinculado a proceso por el feminicidio de su mamá. De manera que los menores son llevados por su tía Rosalba Primvera Romero, cada 15 días, a convivir con el presunto autor intelectual del feminicidio de Ángela, Sergio N, y en donde también se encuentra preso el autor material del feminicidio de la madre de estos adolescentes, a quien seguramente identifican porque era un empleado “de confianza de Ángela”,  los menores no han sido atendidos debidamente, para el tema de su salud mental y su duelo, por el contrario, y dicho por su tía Rosalba en una entrevista a una radiodifusora, -“Están plenamente convencidos de la inocencia de su papá”- y desprecian a la madre de Ángela, una mujer de 80 años, y a su medio hermano, el primogénito de Ángela. Alguien los convenció de ello, y provocó que tengan sentimientos negativos hacia la familia materna. A eso se le llama manipulación psicológica y alienación parental. 

La marcha concluyó frente al Paraninfo Universitario, donde las manifestantes quemaron sus pancartas y seguían gritando consignas, escuchando testimonios y cantos representativos propios de la lucha feminista, la Canción Sin Miedo y otros himnos, la piel se me seguía erizando.

A la chica Chiapaneca que ahora vive en Guadalajara, no la volví a ver en toda la marcha, sólo recuerdo que le dije que las luchas feministas históricamente nos han devuelto algunos derechos y libertades, que hoy las mujeres podemos vestirnos como queremos, estudiar la carrera que se nos antoje y cualquier grado académico, decidir si queremos tener hijos y cuántos queremos tener, votar, participar en política, defendernos, llegar altos puestos, en lo público y en lo privado. Le dije también que la lucha feminista no termina porque la violencia contra nosotras sigue siendo una constante. En México el 70 por ciento de las mujeres mayores de 15 años han experimentado algún tipo de violencia, y diariamente 10 mujeres son asesinadas. Ángela Birkenbach es una de ellas.

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