Jalisco en vilo

Jalisco en vilo

Fotografía: Redacción CIgdl.

• Bloqueos, incendios y pugnas internas del CJNG desatan una noche de terror que pone a prueba al Estado y anticipa una reconfiguración criminal en el Occidente del país.

La madrugada volvió a teñirse de rojo en Jalisco. Lo que comenzó como reportes aislados de incendios terminó por convertirse en una nueva jornada de violencia coordinada que paralizó distintos puntos de la Zona Metropolitana de Guadalajara y municipios estratégicos del estado.


De acuerdo con testimonios recabados entre reporteros locales y fuentes de seguridad consultadas por este portal en la entidad, los primeros hechos se registraron en Guadalajara y su zona conurbada: un vehículo incendiado en la colonia Oblatos, otro punto de quema en Mezquitán Country, y el lanzamiento de un artefacto inflamable contra una tienda de conveniencia en la colonia Mariano Otero, en Zapopan. En Tonalá, un incendio alcanzó la parte posterior de Plaza Altea, lo que obligó a la movilización de bomberos y corporaciones policiacas.


Los reportes se extendieron a bloqueos con autos incendiados en Autlán, Lagos de Moreno y Cihuatlán. En paralelo, comercios cerraron anticipadamente y el transporte público redujo frecuencias. La escena —vehículos ardiendo en avenidas principales y columnas de humo visibles desde distintos puntos— evocó los episodios más crudos de la violencia organizada que ha marcado al estado en la última década.
Sin embargo, con las primeras horas del día, la actividad comercial comenzó a retomar su curso. El mercado de abastos, que había permanecido cerrado, abrió gradualmente; las paradas de autobuses volvieron a llenarse y la cotidianidad intentó imponerse al miedo. Esa normalización aparente no cancela la pregunta de fondo: ¿qué detonó esta nueva ola?


El trasfondo apunta a la incertidumbre en la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación tras la muerte de su líder histórico, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”. Aunque su figura consolidó una estructura vertical y expansiva, su ausencia abre inevitablemente un proceso de reacomodo interno.
Fuentes de inteligencia militar citadas por medios nacionales han ubicado como perfil con mayores posibilidades de cohesión a Juan Carlos Valencia González, alias “El 03” o “El R-3”, hijastro del capo. No obstante, también se mencionan otros nombres con poder territorial: Ricardo Ruiz Velasco, “El Doble R”, operador en la zona metropolitana; Jesús Ambriz Cano, “El Yogurt”, con influencia en los límites entre Jalisco, Michoacán y Colima; y Heraclio Guerrero Martínez, “El Tío Lako”, asentado en Tanhuato.


El riesgo, advierten analistas en seguridad consultados, no es únicamente quién asuma el mando, sino la posibilidad de fracturas internas. En escenarios de sucesión criminal, las células regionales suelen buscar autonomía, lo que incrementa disputas por rutas, plazas y economías ilícitas. Si el liderazgo no logra cohesión, el Occidente podría entrar en un ciclo de violencia similar al que vivió Sinaloa tras las fracturas del Cártel del Pacífico.


Un dato que ha encendido alertas es la quema de más de 20 sucursales del Banco del Bienestar, institución federal vinculada a programas sociales. Aunque aún no existe un posicionamiento oficial que confirme la autoría ni el móvil, especialistas consideran que podría tratarse de un mensaje político-criminal: golpear símbolos del Estado para demostrar capacidad operativa y presión territorial.


A ello se suma la alerta de viaje emitida por el gobierno de Estados Unidos, que incrementa la presión internacional sobre las autoridades mexicanas. De acuerdo con fuentes federales, en los próximos días podrían activarse operativos coordinados entre ambos países para neutralizar a posibles sucesores y evitar que la disputa escale.


Las áreas de seguridad apuestan a que un liderazgo definido evite una guerra abierta. Sin embargo, el escenario alternativo —alianzas entre adversarios del CNG y células inconformes— podría multiplicar los focos rojos en carreteras, gasolineras, bancos y tiendas de conveniencia.


La aparente calma matutina no debe confundirse con estabilidad estructural. Jalisco amaneció funcionando, sí, pero bajo la sombra de una transición criminal que aún no se resuelve. La historia reciente demuestra que las organizaciones delictivas no se disuelven con la muerte de sus líderes: mutan, se fragmentan o se radicalizan.


La era post-Mencho apenas comienza. Y si el Estado no logra anticipar y contener las fracturas internas, la madrugada de terror podría ser apenas el prólogo de un nuevo capítulo de violencia en el Occidente mexicano.


@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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