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Donald Trump volvió a sacudir el tablero económico internacional al anunciar, en plena campaña presidencial, nuevos aranceles del 30% a productos provenientes de México y la Unión Europea, vigentes a partir del 1 de agosto. El exmandatario dio a conocer la medida a través de cartas difundidas en sus redes sociales, marcando un giro más agresivo en su estrategia de presión comercial.
En los documentos, Trump acusó a la Unión Europea de mantener un déficit comercial “inaceptable” con Estados Unidos y a México de no hacer lo suficiente para contener el narcotráfico, pese a sus esfuerzos en la frontera. La medida, calificada como parte de su plan para “revivir la economía estadounidense”, amenaza con desencadenar nuevas guerras comerciales a nivel global.
Las reacciones no se hicieron esperar. México rechazó la decisión en un comunicado conjunto de la Cancillería y la Secretaría de Relaciones Exteriores, calificándola de injusta y desproporcionada, mientras continúan las negociaciones bilaterales sobre migración, seguridad y temas económicos. La Unión Europea, por su parte, advirtió que responderá con contramedidas si Washington no retrocede, aunque mantiene su apuesta por el diálogo.
Expertos advierten que esta ofensiva arancelaria podría fracturar aún más el sistema multilateral de comercio basado en reglas, justo en un momento en el que las principales economías buscan estabilidad. El anuncio también afecta el marco del T-MEC, dejando en duda si los productos mexicanos que cumplen con el acuerdo seguirán exentos.
Con esta maniobra, Trump suma ya amenazas o sanciones arancelarias contra más de 50 países, desafiando acuerdos históricos y generando incertidumbre sobre el futuro del comercio internacional.



