PRI Jalisco acuerda elegir a su dirigencia 2026–2030 mediante voto directo de la militancia

PRI Jalisco acuerda elegir a su dirigencia 2026–2030 mediante voto directo de la militancia

En un esfuerzo que busca redefinir los cimientos de la democracia interna en el estado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Jalisco ha marcado un precedente significativo hacia su renovación estructural, después del llamado nuevo PRI.


Durante la V Sesión Extraordinaria del VIII Consejo Político Estatal, el priismo jalisciense alcanzó un consenso unánime para definir la ruta crítica que conducirá a la elección de su dirigencia para el periodo 2026–2030.


La decisión no es menor, pues representa un viraje estratégico hacia la horizontalidad en un momento donde la legitimidad política es el activo más valioso para cualquier fuerza de oposición.
La propuesta, impulsada con determinación por la actual presidente del CDE PRI Jalisco, Laura Lorena Haro Ramírez, coloca el destino del partido directamente en manos de su base militante a través del método de elección directa.


Este mecanismo destaca por su virtud democrática, al despojarse de los tradicionales acuerdos de cúpula para permitir que sea el voto individual y libre de los afiliados el que valide a sus próximos líderes. Al optar por esta vía, el PRI Jalisco no solo cumple con un trámite estatutario, sino que proyecta un mensaje de transparencia y apertura, elementos indispensables para sanear la confianza entre la estructura territorial y sus representantes.


Uno de los mayores méritos de este acuerdo es el fortalecimiento de la legitimidad de origen. En el contexto político actual, una dirigencia emanada del respaldo masivo de sus bases posee una autoridad moral superior para encabezar las demandas sociales y organizar la resistencia política. Este proceso de “regreso al origen” permite que el partido se reconecte con sus cuadros en los municipios, reactivando la maquinaria territorial que históricamente ha sido su mayor fortaleza.


La renovación se percibe así no solo como un cambio de nombres, sino como una reingeniería de la unidad interna, donde la participación activa sirve como antídoto contra la fragmentación.
Finalmente, este paso hacia la democratización interna posiciona al PRI como una fuerza política que apuesta por la competitividad a través de la institucionalidad.


Al abrir las urnas a su militancia, el partido tricolor se obliga a un diálogo constante y a una autocrítica constructiva, preparándose con una estructura más cohesionada y resiliente ante los desafíos electorales venideros.


En última instancia, el acuerdo alcanzado en el Consejo Político Estatal subraya una visión de futuro; la construcción de un partido que, lejos de cerrarse, se expande hacia su propia gente para recuperar su protagonismo en la vida pública de Jalisco.

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