Fotografía: Redacción CIgdl.
• Ethos advierte que 11.4 millones de personas más enfrentan al menos una carencia social, pese a la reducción de la pobreza multidimensional. El aumento de los retiros por desempleo de las Afores refleja la presión sobre los hogares, mientras las remesas se mantienen como un respaldo para el consumo familiar.
La reducción de la pobreza en México no necesariamente significa que las familias vivan mejor. Aunque entre 2016 y 2024 alrededor de 13.7 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional, el país arrastra una contradicción: en ese mismo periodo, la población con al menos una carencia social aumentó de 30.5 a 41.9 millones, es decir, 11.4 millones más.
El dato forma parte del estudio Del ingreso al bienestar: el desafío de la pobreza en México, elaborado por Ethos Innovación en Políticas Públicas con información de la ENIGH y de las mediciones del INEGI. Su conclusión es que el aumento de los ingresos ha contribuido a reducir la pobreza, pero no ha sido suficiente para garantizar el acceso efectivo a derechos y servicios básicos.
Entre 2016 y 2024, el ingreso corriente mensual promedio de los hogares creció 10.8%, al pasar de 23 mil 416 a 25 mil 955 pesos. El ingreso por trabajo aumentó 13.2% y las transferencias, 26.5%. Sin embargo, el crecimiento del dinero disponible no ha ido acompañado de una mejora equivalente en salud y educación.
La carencia de acceso a servicios de salud es uno de los ejemplos más claros: pasó de afectar a 18.8 millones de personas en 2016 a 50.4 millones en 2022. Aunque disminuyó a 44.5 millones en 2024, sigue siendo una de las principales privaciones del país. Ethos también advierte que el gasto público en salud perdió participación en el presupuesto: bajó de 10.9% del gasto total en 2020 a 9.5% en 2026.
El problema se agrava por las debilidades del mercado laboral. En 2025, alrededor de 55 de cada 100 personas ocupadas trabajaban en la informalidad, con ingresos promedio cercanos a la mitad de los que reciben quienes tienen un empleo formal. A esto se suma una caída de 6.8% en la productividad laboral entre 2016 y 2024. La conclusión es incómoda: los apoyos y los aumentos salariales pueden mejorar el ingreso inmediato, pero difícilmente sostendrán el bienestar si la economía no genera empleos formales, productivos y mejor remunerados.
Esa presión sobre las finanzas familiares también aparece en los retiros por desempleo de las Afores. En septiembre de 2026 se registraron 210 mil 282 retiros, frente a 170 mil 321 en el mismo mes del año anterior, un incremento anual de 23.5%. Además, durante los tres meses más recientes del periodo analizado se superaron los 200 mil retiros mensuales.
El monto promedio retirado alcanzó 22 mil 388 pesos, frente a los 20 mil 2 pesos de septiembre de 2025. Aunque el análisis señala que el crecimiento de los montos también responde al aumento de los salarios y de los saldos acumulados en las cuentas individuales, la recurrencia de estos retiros muestra que el ahorro para el retiro también funciona como un recurso al que los trabajadores pueden acudir cuando pierden su empleo formal y necesitan liquidez.
La dimensión del fenómeno debe ponerse en perspectiva: los retiros representaron apenas 0.052% de los 9.08 billones de pesos administrados por las Afores a septiembre. No constituyen, por sí mismos, una amenaza para el sistema pensionario, pero sí pueden reducir el ahorro futuro y las semanas de cotización reconocidas ante el IMSS si los recursos no se reintegran.
En este escenario, las remesas representan otro respaldo para los hogares. De acuerdo con BBVA Research, México recibió 5 mil 362 millones de dólares en septiembre de 2026, un crecimiento anual de 1.6%, después de la caída de 3.6% registrada en agosto. Aunque el número de operaciones disminuyó 6.3%, el monto promedio enviado aumentó 8.4%, hasta alcanzar 426 dólares.
Entre enero y septiembre, el flujo acumulado llegó a 47 mil 164 millones de dólares, 2.1% más que en el mismo periodo del año anterior. Estos recursos ayudan a sostener el consumo y ofrecen un respiro a millones de familias, aunque no sustituyen la generación de empleos ni la responsabilidad del Estado de garantizar servicios públicos.
La fotografía económica, por tanto, tiene dos caras: menos personas en pobreza multidimensional, pero más población con carencias; trabajadores que recurren a sus ahorros pensionarios ante el desempleo y hogares que encuentran en las remesas un soporte adicional. Reducir la pobreza es un avance, pero convertir ese resultado en bienestar duradero exige algo más que transferir dinero: requiere oportunidades, empleo formal y servicios públicos que funcionen.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com


