Fotografía: Redacción CIgdl/Archivo
A dos días de la represión frente a Casa Jalisco, el gobernador Pablo Lemus salió a enmendar los errores, dijo que nunca se debieron usar gases lacrimógenos ni los chorros de agua a presión de los bomberos. Habló de que revisó con detenimiento los videos que circulan en redes sociales y se comprometió a investigar incluso a los policías que cometieron excesos, Sin embargo, sólo dijo que se deslindarán responsabilidades, y dejó en el aire la pregunta de por qué el secretario general de Gobierno Salvador Zamora estaba de vacaciones en España mientras se cocinaba el mega marcha y el huracán Simón azotaba la costa.
El domingo 11 de octubre, entre 10 mil y más personas marcharon desde La Minerva hasta Casa Jalisco exigiendo que el SIAPA deje de enviar agua sucia, con olor a cloaca y color café o amarillo a cientos de colonias de la zona metropolitana. Lo que empezó como protesta pacífica terminó con antimotines lanzando gas lacrimógeno y chorros de agua a presión. El gobierno habla de un “grupo de choque” de 400 encapuchados; los testimonios y videos muestran que el gas y el agua alcanzaron a familias, menores y periodistas. Resultado oficial: 39 detenidos que ya fueron liberados, 28 policías heridos (dos graves) y decenas de civiles lesionados. La Comisión Estatal de Derechos Humanos abrió investigación de oficio y la Relatora de la ONU para libertad de reunión pidió esclarecer el uso excesivo de la fuerza. Claudia Sheinbaum también exigió explicaciones.
La ironía más grotesca fue la presencia de los bomberos. De sus pipas salía el agua a presión que golpeaba a quienes pedían agua limpia. Algunos elementos de Bomberos de Guadalajara declararon anónimamente a medios su rechazo a la orden de participar; el director estatal de Protección Civil estaba en la costa atendiendo el huracán Simón. En 2004, en la Cumbre del Instituto Cultural Cabañas, también usaron las pipas de los bomberos contra altermundistas, pero entonces fueron policías quienes las operaron. Ahora se vio a los propios bomberos. La institución más querida de la ciudad terminó como herramienta de dispersión. ¿Por qué estaban ahí desde el inicio? ¿Por qué llevaron gases lacrimógenos si el gobernador había garantizado la seguridad de los manifestantes?
Mientras eso ocurría, Salvador Zamora andaba de vacaciones en España. El Secretario General de Gobierno, el segundo al mando, el encargado de la coordinación política y de prevenir crisis, se ausentó en plena crisis del agua, con una megamarcha anunciada con días de anticipación y con el huracán Simón de categoría 3-4 pegado a la costa de Jalisco. No es un rumor de redes: periodistas locales lo documentaron. Zamora, ingeniero zootecnista de formación, dejó el despacho justo cuando se necesitaba oficio político y destreza operativa para manejar dos frentes a la vez: el huracán y una movilización ciudadana masiva. Eso no es descuido, es faltar a su compromiso con los gobernados y con el gobernador que lo nombró.
En su lugar quedó el jefe de gabinete Alberto Esquer. Tampoco dimensionó lo que se venía. No previno el costo político de reprimir una marcha por agua limpia, no garantizó un operativo que separara el derecho a protestar de cualquier grupo violento, y metió al gobierno de Lemus en la peor crisis de gobernabilidad del sexenio, justo antes de la elección. El resultado es que la gente que confió en que podía manifestarse pacíficamente recibió gas y agua a presión, y el gobernador quedó en entredicho ante la opinión pública, la Presidencia y organismos internacionales.
Zamora se va de vacaciones en plena crisis. Esquer no hace su trabajo. Ambos dejan al gobernador cargando solo con la represión, las detenciones, las críticas de Sheinbaum y la Relatora de la ONU, y el daño a la imagen de un gobierno que prometió resolver el problema del agua.
La pregunta que queda es simple: ¿quién va a pagar los platos rotos? Porque los que estaban en los puestos clave para evitar esto decidieron ausentarse o no dimensionar. Y el que se queda con el costo político es Lemus.


