Fotografía: Redacción CIgdl.
• La ENVIPE 2026 revela que 74% de los mexicanos se siente inseguro y que la delincuencia sigue siendo la principal preocupación nacional.
En su Segundo Informe de Gobierno, Claudia Sheinbaum presumió una reducción histórica de 51% en los homicidios dolosos y aseguró que la Estrategia Nacional de Seguridad funciona. El dato forma parte del discurso que la Presidenta lleva a sus giras por el país: México avanza, los delitos disminuyen y la estrategia está dando resultados.
Pero apenas unos días después, el INEGI puso sobre la mesa otra fotografía.
La ENVIPE 2026 revela que 74% de los mexicanos de 18 años y más considera inseguro vivir en su entidad, mientras que 60.7% identifica a la inseguridad como el principal problema del país, por encima de la salud y del aumento de precios.
Y entonces aparecen Sinaloa y Morelos.
Sinaloa es el espejo más incómodo. La propia información oficial reconoce que la entidad sufrió un fuerte incremento de homicidios por la pugna entre grupos de la delincuencia organizada. Aunque el gobierno reporta una reducción de 52% desde el punto más alto registrado en junio de 2025, la ENVIPE coloca a más de ocho de cada diez sinaloenses en la percepción de inseguridad. Además, más de 3 mil asesinatos violentos, más de 3,500 negocios cerrados por la violencia según la Coparmex de la entidad,
Es decir: puede bajar el homicidio y no desaparecer el miedo.
Porque el problema ya no es solamente cuántos muertos registra una estadística. Es qué tanto la delincuencia ha conseguido modificar la vida cotidiana de una sociedad. En Sinaloa la gente salió a las calles a exigir paz. No salió a discutir porcentajes. Salió porque la violencia se convirtió en parte de su vida diaria.
Y después está Morelos. Ahí la realidad vuelve a estrellarse contra el discurso oficial: 88.7% de la población adulta considera inseguro vivir en la entidad, uno de los porcentajes más altos del país.
El caso de Claudia Tacoronte Aguilera, la estudiante española de 21 años asesinada en Cuautla hizo todavía más visible esa realidad. Su muerte no quedó confinada a la nota roja: la Universidad de Granada suspendió la movilidad de estudiantes hacia la UAEM.
Cuando una institución universitaria extranjera decide retirar a sus estudiantes de un estado mexicano por razones de seguridad, el problema dejó de ser una percepción estadística. Es una realidad que produce consecuencias.
Y ahí está el verdadero choque. El gobierno puede mostrar una reducción en homicidios. El INEGI puede registrar esa percepción de inseguridad. Ambas cosas pueden ser ciertas.
Lo que no puede ignorarse es que la reducción de una cifra no necesariamente significa que el miedo haya abandonado las calles.
La gente sigue modificando sus hábitos. En 2025, según la ENVIPE, 62.8% dejó de permitir que menores salieran solos y 44.7% evitó salir de noche por temor a la delincuencia.
Ese es el México que no aparece en el templete. El que cierra temprano, cambia de ruta, deja de salir de noche, cuida a sus hijos y piensa dos veces antes de cruzar determinadas calles.
Por eso el debate no debería reducirse a quién tiene razón entre el gobierno y el INEGI. La pregunta es otra: ¿Cuándo una reducción estadística se convierte realmente en seguridad para la gente?
Porque mientras la Presidenta explica en sus giras que México está mejor, Sinaloa y Morelos muestran que todavía existe un país donde el miedo sigue marcando la pauta.
Y esa es la realidad que, tarde o temprano, termina estrellándose contra cualquier discurso.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com


