Fotografía: Redacción CIgdl.
• El gobierno llega a la entrega del presupuesto con una economía que apenas gana tracción y unas finanzas públicas que necesitan corregirse. El desafío de Hacienda será reducir el déficit, sostener a Pemex y el gasto social y, al mismo tiempo, evitar que la inversión vuelva a ser la variable de ajuste.
Este martes Hacienda entrega al Congreso el Paquete Económico 2027 y, más allá de las cifras que acompañen al documento, lo que estará en juego es algo bastante más delicado: qué tan creíble es la ruta de consolidación fiscal del gobierno y cuánto crecimiento está dispuesto a sacrificar para conseguirla.
El paquete llega en un momento incómodo. La economía no está en recesión, pero tampoco atraviesa un ciclo de expansión suficientemente sólido. En junio, el consumo privado cayó 0.4% mensual, mientras que en el primer semestre avanzó 2.1% anual. La inversión, en cambio, dio una señal más favorable: creció 1.3% mensual en junio y 0.8% anual durante la primera mitad del año.
El problema es que detrás de ese dato hay una diferencia importante: la inversión pública está tomando el relevo de una inversión privada todavía cautelosa. En junio, la inversión pública aumentó 18.1% anual, frente a 6% de la privada. Es una mejora, sin duda, pero también una advertencia: el gasto público puede sostener temporalmente la actividad, pero difícilmente puede sustituir de manera permanente al capital privado.
Ese es precisamente uno de los dilemas que Hacienda tendrá que resolver con el presupuesto.
El gobierno llega defendiendo que la consolidación fiscal está en marcha y que México conserva el grado de inversión. Hacienda incluso salió a cuestionar el diagnóstico de The Economist, al considerar que parte de una fotografía desactualizada. El argumento oficial es que el déficit está bajando, la prima de riesgo se ha reducido y las finanzas públicas avanzan hacia una posición más sostenible.
Pero los mercados miran algo más que el discurso.
México mantiene el grado de inversión, sí, aunque Moody’s ubica actualmente la deuda soberana en Baa3, apenas un escalón por encima del grado especulativo. Y el problema no es solamente el déficit de un año. Está la presión permanente de las pensiones, el costo financiero de la deuda, las necesidades de Pemex, el gasto social y una economía cuyo crecimiento sigue siendo insuficiente para generar mayores ingresos tributarios de manera natural.
Ahí estará la verdadera prueba del secretario Édgar Amador.
El Paquete Económico deberá establecer cuánto espera recaudar el gobierno, cuánto pretende gastar y, sobre todo, de dónde saldrá el ajuste. Sin una reforma fiscal integral, Hacienda tiene un margen más estrecho: mayor fiscalización, combate a la evasión, cambios en IEPS, aranceles y otras medidas administrativas.
Pero aumentar ingresos tampoco es sencillo cuando el consumo comienza a moderarse. Y recortar gasto tiene un límite cuando buena parte del presupuesto está comprometido en pensiones, transferencias, programas sociales y obligaciones financieras. Por eso hay una pregunta que vale más que cualquier estimación optimista de crecimiento: ¿qué gasto se va a sacrificar si los ingresos no alcanzan?
La experiencia reciente ofrece una respuesta preocupante. Cuando las finanzas públicas necesitan ajustarse rápidamente, la inversión suele convertirse en la variable más sencilla de recortar. Y México no puede darse el lujo de repetir esa fórmula indefinidamente si pretende elevar su crecimiento potencial.
Los indicadores económicos, por ahora, ofrecen señales mixtas. El indicador coincidente hiló nueve meses de avances y se ubicó en 99.9 puntos, todavía ligeramente por debajo de su tendencia de largo plazo. El adelantado, en cambio, llegó a 100.8 puntos, una señal de mayor dinamismo hacia adelante.
No es suficiente para hablar de una recuperación robusta, pero tampoco es una economía paralizada.
De ahí que el presupuesto de 2027 tenga que hacer algo más que cuadrar las cuentas: deberá encontrar el equilibrio entre estabilidad financiera y crecimiento.
Hacienda necesita convencer a los mercados de que México puede reducir su déficit sin poner en riesgo la inversión; necesita mantener el respaldo a Pemex sin convertirlo en un agujero permanente para las finanzas públicas; y necesita preservar el gasto social sin que éste termine desplazando la inversión productiva.
La aritmética presupuestaria no perdona. Si el crecimiento resulta menor al previsto, habrá menos ingresos. Si los ingresos son menores, habrá presión sobre el déficit. Y si el gobierno decide compensarlo con recortes, la inversión pública podría volver a pagar la factura. Es un círculo que México conoce demasiado bien.
Por eso el Paquete Económico 2027 no será solamente un ejercicio contable. Será la primera prueba seria de la capacidad de esta administración para demostrar que puede consolidar las finanzas públicas sin dejar de generar las condiciones para crecer.
La pregunta, finalmente, no es cuánto promete reducir Hacienda el déficit. La pregunta es cómo piensa hacerlo sin volver a sacrificar la inversión que México necesita para crecer.
@JErnestoMadrid
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