México se bancariza, pero el efectivo sigue mandando
Fachada del Banco de México (Banxico), en la calle 5 de Mayo en el Centro Histórico.

México se bancariza, pero el efectivo sigue mandando

Fotografía: Redacción CIgdl.

• La ENIF revela un salto histórico en el acceso a cuentas financieras, pero 85% de los mexicanos todavía usa efectivo en compras pequeñas. La digitalización avanza, aunque a dos velocidades: una en la banca y otra en la economía cotidiana.


Hay una paradoja en las finanzas de los mexicanos: nunca había habido tanta gente con una cuenta bancaria y, al mismo tiempo, nunca había circulado tanto efectivo.
La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), elaborada por INEGI y la CNBV, muestra un avance importante: 76.5% de los mexicanos de entre 18 y 70 años ya tiene algún producto financiero formal, contra 67.8% en 2021. Y las cuentas de ahorro pasaron de 49.1% a 63% en apenas tres años.


Sobre el papel, es una gran noticia. El problema es que tener una cuenta no significa necesariamente utilizar el sistema financiero de manera integral.
El efectivo sigue siendo el rey. Lo utiliza 85.2% de la población para compras de hasta 500 pesos y 73.5% para operaciones mayores. Y mientras la digitalización avanza, circulan alrededor de 3.3 billones de pesos en billetes y monedas, con una demanda que crece 4.7% anual real, según datos de Banco de México.


Dicho de otra manera: los mexicanos abrieron cuentas, pero no necesariamente abandonaron los billetes.
Para muchos, la cuenta bancaria sigue siendo el lugar donde cae la nómina o el apoyo de un programa social antes de convertirse, pocas horas después, en efectivo retirado del cajero. De hecho, 79.2% de la población utilizó un cajero automático durante el último año.


Y aquí aparece una diferencia importante. La bancarización ha crecido, pero una parte considerable llegó por obligación o necesidad: 46.5% de las primeras cuentas fueron de nómina y 12% se abrieron para recibir apoyos gubernamentales. En localidades pequeñas, uno de cada cuatro usuarios llegó al sistema mediante una tarjeta vinculada con programas sociales.


Eso es inclusión financiera, sí. Pero todavía no necesariamente es inclusión financiera profunda.
La digitalización empieza a cambiar esa historia. Las transferencias electrónicas ya fueron utilizadas por 23.7% de la población en los últimos tres meses, casi el triple que en 2021. Siete de cada diez cuentahabientes manejan su dinero desde el celular.


Pero México avanza a dos velocidades. En el noroeste, 65.7% de los habitantes considera que la mayoría de los comercios acepta tarjetas o transferencias. En el sur, apenas 29.8%.
Y mientras el comercio informal siga dependiendo del efectivo, el billete continuará teniendo una ventaja que ninguna aplicación ha conseguido eliminar: no requiere internet, terminal, comisión ni dejar registro electrónico de cada operación.


Por eso CoDi no logró convertirse en el “asesino” del efectivo que alguna vez se imaginó. Apenas 12.8% de la población lo ha utilizado. El contraste con Brasil es evidente: Pix, lanzado un año después, se convirtió en una herramienta de uso masivo.
Mientras tanto, la banca sí está avanzando en otra dirección. BBVA reporta que cerca de 1.5 millones de clientes que utilizaron su herramienta Coach modificaron algún hábito financiero y aumentaron 14% la mediana de su colchón financiero frente a quienes no dieron ese paso.


Y Banorte está apostando por la inteligencia artificial como parte de su transformación: la institución fue incluida como el único banco mexicano en el ranking Evident AI Index for Banks LATAM 2026 y reporta mejoras importantes en aceptación de productos, abandono de clientes y satisfacción.
La paradoja está ahí. La banca ya está pensando en inteligencia artificial, hiperpersonalización y finanzas digitales, mientras buena parte de los mexicanos todavía está pensando en algo mucho más básico: dónde retirar su dinero y cuánto efectivo llevar en la cartera.


La verdadera inclusión financiera, entonces, no consiste solamente en que más mexicanos tengan una cuenta. Consiste en que puedan ahorrar, pagar, invertir, acceder a crédito y administrar su dinero digitalmente porque les resulta más útil que usar efectivo, no porque alguien les entregó una tarjeta.
México ya dio el primer paso. Ahora falta que la cuenta bancaria deje de ser una estación de paso y se convierta, realmente, en una herramienta para mejorar la vida financiera de las personas.


@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com

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