Fotografía: Redacción CIgdl.
• El evento deportivo más importante del planeta no logró encender el gasto de los hogares. BBVA Research confirma que el impacto económico fue limitado, mientras la debilidad del consumo exhibe que el entusiasmo en las tribunas no alcanzó para reactivar una economía que sigue jugando a la defensiva.
Durante años se vendió la idea de que organizar una Copa del Mundo significaría una lluvia de inversiones, turismo desbordado y una economía revitalizada por el entusiasmo de millones de aficionados. La realidad, al menos para el bolsillo de los mexicanos, terminó siendo mucho más modesta: hubo espectáculo en las canchas, pero no en las cajas registradoras.
El más reciente reporte de BBVA Research confirmó lo que los primeros indicadores económicos ya anticipaban: el Mundial 2026 tuvo un impacto “limitado y heterogéneo” sobre el consumo privado en México, muy lejos del impulso económico que suele acompañar la narrativa oficial alrededor de este tipo de eventos.
El Indicador de Consumo Big Data de BBVA registró en junio una caída mensual de 0.2% en el gasto privado y un desplome anual de 4.9%, la quinta contracción consecutiva en lo que va del año. En otras palabras, mientras el país era sede de uno de los eventos deportivos más importantes del mundo, las familias mexicanas siguieron apretando el cinturón. El contraste resulta revelador.
La Copa del Mundo sí generó movimiento en algunos sectores. El entretenimiento creció 16.5% mensual y casi 25% respecto al año anterior, impulsado por la asistencia a eventos y actividades relacionadas con el torneo. También hubo un efecto temporal en la construcción y los servicios vinculados a la infraestructura mundialista.
Pero fuera de esos nichos, el llamado “efecto Mundial” simplemente no apareció. Los hoteles registraron una caída de 10.5% mensual en el gasto, los restaurantes retrocedieron 4.9% y el consumo de gasolina —un indicador que refleja movilidad— acumuló su decimoquinta caída anual consecutiva. Incluso las compras en establecimientos físicos disminuyeron 0.9%, mientras los consumidores privilegiaron el comercio electrónico, que mantiene un crecimiento sostenido.
Más que una economía impulsada por el Mundial, los datos describen hogares cautelosos. BBVA atribuye esta debilidad al lento crecimiento de la masa salarial real, al bajo dinamismo del empleo formal y a un entorno de incertidumbre que sigue frenando las decisiones de consumo.
Es decir, el problema no era la falta de fútbol. Era la falta de confianza.
El resultado deja una lección que suele quedar opacada por la euforia de los grandes eventos internacionales: un Mundial puede acelerar inversiones en infraestructura, mejorar la imagen de un país y generar beneficios para sectores específicos, pero difícilmente sustituye los fundamentos de una economía sólida.
Cuando el ingreso de las familias pierde fuerza, el empleo crece lentamente y persiste la incertidumbre, ni siquiera el torneo más visto del planeta logra modificar el comportamiento del consumidor.
Paradójicamente, México consiguió organizar una Copa del Mundo sin conseguir el efecto económico que durante años se prometió como uno de sus principales beneficios. Las tribunas estuvieron llenas. La expectativa también.
Pero el consumo siguió jugando a la defensiva. Y, al menos según las proyecciones de BBVA Research, el silbatazo final tampoco cambiará el marcador: la debilidad de la demanda interna continuará durante la segunda mitad de 2026 y la recuperación comenzaría, apenas, hasta 2027.
El Mundial terminó confirmando una realidad incómoda: los grandes eventos pueden generar entusiasmo, pero no sustituyen el crecimiento económico. En esta ocasión, el gol que esperaba la economía mexicana simplemente nunca llegó.
@JErnestoMadrid
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