Fotografía: IA
• Mientras el Mundial dejó hasta 50 mil millones de pesos en ventas para el comercio y el turismo, los festejos también registraron muertes, accidentes y violencia vinculados al consumo de alcohol, reavivando el debate sobre la ausencia de una política nacional para regular su consumo.
El Mundial de Futbol 2026 dejó dos balances completamente distintos para México. Por un lado, una derrama económica estimada entre 45 mil y 50 mil millones de pesos, impulsada por el turismo, los restaurantes y el comercio. Por el otro, al menos cinco personas fallecidas, accidentes viales y episodios de violencia asociados al consumo de alcohol que reabrieron un debate que el país ha postergado durante años: la ausencia de una Política Nacional y Fiscal sobre Alcohol.
La contradicción resume buena parte de lo ocurrido durante los 25 días que México fue sede mundialista.
Mientras la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur) calificó el torneo como un éxito económico —con un impacto equivalente a entre 0.1 y 0.2% del PIB y una derrama adicional de 5 mil millones de pesos por venta de boletos—, organizaciones especializadas en salud pública sostienen que el costo social quedó prácticamente fuera de la discusión.
Para el presidente de Concanaco, Octavio de la Torre de Stéffano, el Mundial confirmó que “el balón dejó de rodar en México, pero la economía no”, al beneficiar principalmente a la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León, donde se concentró la mayor actividad turística y comercial.
Sin embargo, del otro lado de la balanza, organizaciones como Salud Justa Mx, la Red de Acción sobre Alcohol, Voces Jóvenes por el Derecho a la Salud y El Poder del Consumidor sostienen que los festejos dejaron una factura que no aparece en los indicadores económicos. De acuerdo con estas organizaciones, al menos una de las cinco muertes registradas estuvo directamente relacionada con una congestión alcohólica, además de reportarse siniestros viales y un incremento de episodios de violencia durante las celebraciones.
El debate no gira únicamente alrededor del consumo, sino de la regulación. Yahaira Ochoa Ortiz, de Salud Justa Mx, recordó que ONU Mujeres ha documentado que durante grandes eventos deportivos las llamadas de emergencia por violencia familiar pueden incrementarse hasta 30%, mientras que Alonso Robledo, vocero de la Red de Acción sobre Alcohol, sostiene que estas tragedias “no son inevitables, sino previsibles y prevenibles” mediante políticas públicas más estrictas.
Las organizaciones proponen tres medidas centrales: aumentar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) al alcohol, restringir la publicidad y reducir la disponibilidad de bebidas alcohólicas, al considerar que México carece de una estrategia nacional integral para enfrentar el consumo nocivo. El argumento también tiene sustento científico.
Norberto Hernández Llanes, investigador de El Poder del Consumidor y coordinador del Comité Técnico Interinstitucional sobre Alcohol, explica que el alcohol comienza a afectar el cerebro desde el primer consumo al inhibir la corteza prefrontal, región encargada del control de impulsos, lo que incrementa la probabilidad de conductas violentas y de toma de decisiones de alto riesgo. Pero el debate enfrenta intereses encontrados.
Mientras las organizaciones civiles consideran indispensable endurecer la regulación, la industria del entretenimiento, el turismo y la hospitalidad encuentra en este tipo de eventos uno de sus principales motores económicos. Basta observar que buena parte del consumo durante el Mundial estuvo asociado precisamente a restaurantes, bares y establecimientos donde la venta de bebidas alcohólicas forma parte del modelo de negocio. La discusión, por tanto, trasciende el futbol.
No enfrenta únicamente salud contra economía, sino dos formas distintas de medir el éxito de un evento masivo. Una contabiliza ingresos, ocupación hotelera y ventas; la otra contabiliza víctimas, accidentes y violencia.
En medio de ambas posiciones permanece una realidad difícil de ignorar: mientras México celebra los beneficios económicos de los grandes eventos internacionales, sigue sin contar con una Política Nacional y Fiscal sobre Alcohol que permita reducir los costos sociales asociados a un consumo que continúa ampliamente normalizado.
@JErnestoMadrid
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